Arte, tradición y cultura sobre ruedas

Cultura

El bus escalera o chiva, como comúnmente se conoce, es un medio de transporte rural en Colombia, Ecuador y Panamá. En el país del Sagrado Corazón, desde el 2008 es Patrimonio Cultural de la Nación.

La historia de este particular vehículo se remonta a 1924 cuando los hermanos Antonio y Manuel José Montoya, en Carmen de Viboral, Antioquia compraron un camión para montar carga y pasajeros a cambio de un pago. En ese entonces, los campesinos se trasladaban en mulas. La carrocería y la pintura fue obra del ebanista José Castro, quien además de dejarla lista para trabajar fue también el que bautizó este pictórico carro como “Ayacucho”.

Para muchas personas, hoy en día este medio de transporte sigue siendo motivo de goce y disfrute. Este es el caso de Carlos “El Mono” Jiménez, quien decidió convertir un carro modelo Renault 4 en una chiva a la que bautizó “La Cuquita”. Con esta ha viajado a diferentes ciudades de Colombia como Medellín, La Guajira, Santa Marta, Bogotá y Pasto. También ha ido a Ecuador y Francia.

“El Mono” Jiménez lleva más de 20 años consintiendo su llamativo vehículo y sostiene que “en Colombia hay diferentes desfiles, y los mejores que hay para mí, son los de Barranquilla y Medellín. Cada año voy al de las Chivas y Flores, de 16 años he participado 13 veces y he ganado cuatro. En los carros clásicos y antiguos, he desfilado los últimos seis años y en el desfile de silleteros tuve el honor de conducir al lado de ellos”.

Carlos dice que todas las chivas son diferentes y “si tú le preguntas a un dueño, dice que la de él es la más bonita. Hay poquitos pintores de chivas, unos mejores que otros”.

Pedro Pablo Chaustre Serna es uno de ellos, el pintor de la adorada “Cuquita”. A sus 61 años, él aún se desempeña en este arte, y con más de 40 años de experiencia es reconocido en Manizales no solo por pintar chivas sino por su gran talento artístico. Pintando sillas, murales, bolsos en cuero, individuales y hasta en los pendones que hay colgados en las antiguas lámparas de la Calle del Tango de Manizales, expone su talento artístico.

Pedro Pablo es un hombre de pocas palabras, bastante tímido y muy risueño, dejando ver así los espacios de dientes ausentes en su dentadura. Es de estatura baja y contextura delgada, en su piel trigueña se notan las horas de trabajo bajo el sol, pintando los famosos buses escalera. Lo buscan de ciudades como Bogotá, Medellín y Pereira, también en pueblos de Caldas, Risaralda y el norte del Tolima, y aunque su trabajo es pausado y le puede tomar un poco más de un mes desarrollándolo, el resultado no solo es hermoso sino que también es duradero.

“A uno le entregan la carrocería en obra negra y ya uno la prepara con las bases, el anticorrosivo y el sellante; luego, el cliente algunas veces me da una idea de lo que quiere y otras veces, si le pinto los arabescos y las mandalas como me gustan”, expresa Chaustre Serna con timidez, al referirse al proceso de decoración de un bus escalera.

Tradiciones que nacieron en Colombia desde hace más de medio siglo permanecen en algunas partes. Se cambió la chiva en las ciudades por buses y jeeps, pero en el transporte intermunicipal este particular vehículo sigue siendo parte de la cotidianidad de los campesinos.

Hay maneras de seguir con las tradiciones y Pedro Pablo es prueba de ello. “Mi padre, que era carrocero me enseñó desde los 15 años a trabajar y yo me iba para el taller a colaborarle. Desde muy pequeño me gustaba el dibujo y al ver pintores profesionales yo aprendí, y ya me fueron conociendo y los clientes me buscan, toda la vida pintando chivas crié a mis hijos y mientras se tenga salud, así seguiremos”.

En un recorrido por La Cuquita, Carlos “El Mono” Jiménez, emocionado, comienza a describirla. En la parte de atrás hay cuatro enchufes que cuando hay concursos potencian de energía una cabina de sonido que él mismo tiene “para dar lora, este es mi juguete y yo me divierto mucho con él, me dan picos, me piden fotos, todo el mundo tiene que ver con él”.

“Cuando voy por la calle todo el mundo me mira. Ella es como mi tercer hijo, también tiene los ojos azules como los otros dos”. También tiene la placa de antigüedad, que es otorgada a vehículos de más de treinta y cinco años que conserven el 90 por ciento de la originalidad de su carrocería.

En la chiva se ven las letras Expreso la Pachanga, que es donde está inscrita en Medellín para poder estar en funcionamiento. En la parte trasera inferior, tiene un tiro de arrastre, que le permite jalar un remolque, en el que “El Mono” carga las motos con las que sus hijos hacen motocross.

En la parte de adelante está la calcomanía que evidencia que la “Cuquita” ha participado en el concurso Flores y Chivas de la Feria de las Flores en Medellín. En un costado están las placas que la certifican como ganadora, no solo una, sino tres veces de este mismo concurso. En la puerta del copiloto, por dentro, hay un caballo blanco cabalgando libremente, pintado por el señor Pedro Pablo Chaustre, y en la del conductor, hay un paisaje que alberga una gran casa roja con un lago lleno de cisnes blancos, rodeado de bosques autoría del mismo pintor.

“A él lo conocí porque cuando me compré el juguete, me dijeron dónde podía encontrarlo, Pedrito aparte de ser un gran artista es un ser extraordinario, que habla poquito, se ríe demasiado, lleno de luz y muy señor, aprendí a quererlo mucho en estos veinte años de conocidos”.

A La Cuquita, Chaustre Mejía le pintó en su interior un paisaje cultural cafetero que adorna, el torso desnudo de un hombre por el cual por sus genitales le sale licor. Tiene tres bancos de licor, uno con whisky, otro con “guaro” y el último con ron. La chiva es toda una fiesta andante y el televisor con el micrófono han sido testigos de todos los foforros, de la cual esta ha sido la anfitriona.

Estos vehículos no siempre fueron fiesta, son la muestra de la cultura y los antepasados que eran de la región. En la antigüedad  se convirtieron en el medio de transporte más utilizado por los campesinos y “lo que está adentro del bus escalera es prácticamente una casa porque la gente está toda comunicada y anteriormente se llevaban animales, comida y frutas que las mujeres llevaban en el interior ya que son un poco incómodos por que suelen ser una tabla de madera, algunas veces con un plástico que lo forra. En el capacete, normalmente van los hombres con la carga pesada y las mujeres y niños abajo”, expresa Andrés Darío Calle magíster en filosofía y con estudios en antropología.

A medida que pasan los años, las chivas han ido cambiando por buses más cómodos que separan la carga y las personas. Aunque en algunas regiones como en Caldas se siguen  viendo, en las ciudades principales de Colombia estas circulan cuando hay ferias y aparecen estos carros modificados en su interior, para que la gente disfrute de un cóctel y un paseo por las metrópolis al ritmo de música crossover.

Escrito por:  Diana María Álvarez López

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