Lgbti por el mundo con sus experiencias

Página

 

El rechazo hacia estas personas (Lgbti) va muy marcado desde la religión, que es nuestra cultura ancestral, que nos dice que el hombre y la mujer deben de estar juntos”, afirmael psicólogo Fabián Ortegón Villanueva. En Página preguntamos a siete personas repartidas en todo el mundo sobre la forma en la que vive la comunidad Lgbti en la Tierra.

 

Inarejos salió del armario
Barcelona, España

“Maria Inarejos García tiene 27 años, es delgada, cabello corto y oscuro, usa gafas grandes y su estatura es mediana. En su adolescencia no la pasó muy bien, sus días se convirtieron en burlas, chistes pesados, maltrato y hasta pérdida de amistades. Todo esto por la decisión que tomó, salir del armario.

Pero esta mala experiencia no quedo allí. Ella, junto a su novia de ese entonces, tomaron el metro con rumbo hacia la línea 11, Trinitat Nova – Can Cuiás. Era casi medio día, iban cogidas de la mano, nada nuevo.

Mientras conversaban, se besaban, empezaron a sentir el ambiente tenso, muchos ojos encima de ellas y uno que otro susurro; voltearon a mirar y se dieron cuenta que todas las personas que estaban cerca de ellas las observaban con asco y repudio.

Ella afirma que es la mayor discriminación que ha tenido. “Pero agresión física como tal no, aquí en Barcelona tenemos una asociación la cual nos protege cuando recibimos algún maltrato. Ellos nos defienden y recibimos apoyo psicológico y judicial”, agrega María. Aunque es feliz viviendo en Barcelona manifiesta que “la iglesia le hace mucho daño a este colectivo (Lgbti) y siempre nos sorprende con una crítica y desgraciadamente nuestro gobierno, que es de derecha, intentan deshacer o eliminar las leyes que tenemos”.

 

Wendy y el viaje
Colombia, Santa Marta

Once de la mañana y en la ciudad de Santa Marta, Wendy Quintero Rojas de 25 años, de aproximadamente un metro 50 de estatura, tez morena, cabello largo y lacio se encuentra en la terminal a la espera de un transporte que la lleve a Valledupar.

A las 11:30 a.m. aborda una minivan de sillas afelpadas de color gris con rayas rojas que están ubicadas en parejas por cada lado del carro, las ventanas transparentes y abiertas dejan ver el día soleado que hace en la ciudad. Se acomoda en la primera fila a la derecha del conductor, saca su celular y empieza a chatear, pocos minutos después se sube un señor, se sienta a su lado.

La mira, la saluda, y le dice que está muy bonita; ella hace caso omiso y sigue en su celular. El señor es acuerpado, tiene barba, con camisa de color rojo y un pantalón negro, no se da por vencido y sigue tratando de entablar conversación con la joven, quien sigue inmersa en su celular.

Empieza el movimiento del carro rumbo a la ciudad, ella me mira, me dice algo, me volteo y sigo pendiente de la conversación. El señor al no tener respuesta de la morena, decide inclinarse y mirar qué la tiene tan interesada, ve que habla de manera muy romántica con una joven. “Arderá en el infierno, por personas como usted es que estamos como estamos”, exclamó el barbado, Wendy molesta por la intromisión de este sujeto lo observa de pies a cabeza, y le pregunta: “¿Usted tiene esposa?”, él dice que sí y ella refuta: “El adulterio, la lujuria, juzgar y mentir también son pecados, así que no soy la única que me iré al infierno”. Y todo el camino continuó en silencio.

 

Ivonne y el trabajo

Manizales, Colombia 

Ivonne Avendaño Lozada es ciudadana estadounidense de padres colombianos. Ella es alta, de tez blanca, nariz ñata con ojos grandes y expresivos, se dirige a las 4:00 p.m. a la oficina de recursos humanos para preguntar sobre los beneficios de trabajar en la empresa que labora. 

Paredes blancas, cuadros de arte moderno, cuatro secretarias para cada computador la reciben. “¿Cuáles son los beneficios que tiene mi esposa al tenerme como trabajadora de esta empresa?”, pregunta Ivone un poco ansiosa.

Una secretaria alta, de piel morena, cabello lacio, largo y castaño, le responde que tiene todos los beneficios de salud, prestaciones y servicios. Ivone se encoge de hombros, sonríe y sale de la oficina feliz y ansiosa por contarle a su amada  la respuesta por parte de la empresa. “Acá tenemos toda la protección de la autoridad, no hay discriminación”.

 

Claudia y el secreto
Manizales, Colombia

3:00 p.m. del martes 27 de febrero del año en curso. El sol cae de forma directa en la calle 23 con carrera 12 y Claudia Elizabeth Benavidez Ibarra está con su amiga Paula comprando verduras, frutas y arroz que necesita para terminar el mercado.

Tratan de pasar las calles anchas, carros de todos los tipos, el semáforo se mantiene en verde, deben esperar. Claudia le dice a su acompañante que observe la pareja de novias que están pasando justo al frente de ellas. “Mira esa pareja lo ‘lindaaa”, la coge del brazo y le brillan los ojos. 

Paula no le pone mucho cuidado, aprovecha que es un poco más alta, la empuja y se sueltan. Claudia le pregunta qué le pasa, a lo que ella responde con una mueca y enfatiza que no le gustan las parejas homosexuales, que su religión es muy estricta en cuanto a cómo se debe formar una pareja. Ojos abiertos,  anonadada y de forma sutil, Claudia le confiesa que a ella le gustan las mujeres. 

Pero ella no la escucha, nunca la escucha.

 

Trisha Barnejee y su príncipe gay

India, Munbai

Trisha Barnejee es de piel morena, ojos claros y de cejas pobladas, no hace parte de la comunidad Lgbti, pero sí tiene muchos amigos que lo son. En la India, como nos cuenta ella, se acabó el tabú de que las personas solo pueden casarse con personas del sexo opuesto. 

“Ya nuestra mente es más abierta, y hace dos años ya se aceptó que personas de igual sexo se casen”, afirmó Banerjee. Con un suspiro agrega que para los amigos de ella la situación no ha sido del todo negativa ya que en este momento la India cuenta con un heredero al trono que es homosexual, y hace diez años está velando por los derechos Lgbti. 

El príncipe del estado de Rajpipla, Manvendra Singh Gohil es quien le da esperanza a Trisha con ideas como refugios para quienes hacen parte de esta comunidad y han sido rechazados.

 

Akin y el maltrato

Nigeria, Lagos

Akin Peterson John, de niño siempre se sintió niña, no encajaba en el papel que un hombre en su país debía llevar, ser el responsable de su casa, casarse con una mujer y tener familia.

A los once años, después de haber llegado del colegio, con las manos sudorosas, con temblor, y un poco de malestar, respiró y decidió hablar con sus padres, les dijo que no quería ser más un niño.

El padre lo miró de pies a cabeza, lo analizó, pensó que era una broma al ver que no era así, afirmo: “Dios no se equivoca, él tiene una razón por la que te creó niño”. Desde ese día hasta hoy, a sus 27 años, vivió como su familia quiso, pero este año sacó fuerzas y salió del closet.

“Desde que decidí ser parte de la comunidad me han maltratado, este país es muy conservador, si tú dices abiertamente que eres Lgbti, te golpean y hasta te pueden encarcelar”, contó Peterson John, pero aclara que nunca lo han encarcelado, solo golpeado.

 

Nee, orgullo gay
Auckland, Nueva Zelanda

Son las 8:00 a.m., el día está un poco frío. Marcus Manaia Nee es un hombre delgado, alto, de nariz respingada, cabello corto y amante a la fotografía de moda; sale de su casa para su lugar favorito, su estudio fotográfico en Auckland en Nueva Zelanda.

Mientras camina por las calles recuerda sus años de infancia. Los niños de la escuela siempre lo intimidaban, acosaban y se burlaban de él por sus comportamientos afeminados, en ese tiempo en Nueva Zelanda era ilegal la homosexualidad. 

“Solo cambió hasta 1986″, agrega Marcus. En su adolescencia tuvo novias pero nunca se sintió satisfecho, sus gustos eran otros. Al pasar los años, tuvo algunos inconvenientes con su condición sexual. No quería fingir más, no quería esconderse, por eso a sus 20 años finalmente fue honesto y decidió destapar su secreto.

“Cuando finalmente comencé a ser honesto con todos los que identificaba como homosexuales, hice consciente la decisión de no hacer una declaración en Facebook o de salir del  armario. Mi teoría detrás de esto era que si iba a ser gay lo iba a ser orgullosamente”, exclama Marcus mientras se organiza su cabello lizo y brillante.

 

Lea el periódico completo aquí: Página 235

 

 

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