El arpegio musical en las universidades

UMCentral

 

Caldas suena a algo, debe hacerlo. Este año el departamento cumplirá 113 años y su capital 169 y por sus escarpadas montañas, que se mueven como las cuerdas de una tiple, han nacido, ido y venido cantantes y músicos de todos los géneros.

Compositores como José Macías, quien a mediados de los años 30 puso a bailar a Colombia; pianistas como Paula Marcela Castaño, que hasta Alemania llegó con su música; Obdulio Sánchez del dueto Obdulio y Julián; Sebastián Yepes y su Sanalejo o “Cosmo” con Gatoblanco, entre muchos otros, han hecho que Caldas y Manizales suenen en las grandes tarimas del mundo.

Desde bambucos a guabinas hasta punk y rock, de eso se encuentra en la ciudad. Pero en Manizales solo hay un lugar para ser profesional con la Licenciatura en  Música de la Universidad de Caldas, que tiene Acreditación de Alta Calidad hasta 2020. Lo que ocurre es que aunque hay espacios en las ocho universidades de la ciudad para hacer música, al parecer, las inversiones en estos temas son bajas frente a las expectativas de los músicos.

 

En la de Caldas

En este momento , la institución cuenta con 15 grupos de proyección que hacen parte de las actividades de extensión del Departamento de Música. Cada uno tiene un repertorio y estética diferente. Van desde la Cameratta, que es una orquesta de cámara de cuerdas frotadas, incluye violines, violas, violonchelos y contrabajos, que era dirigido por el profesor Jorge Budziszewski, quien falleció a mediados de abril; hasta el Taller de Ópera. 

Estos proyectos están amarrados a la docencia, y hacen parte del plan de estudios, hay un profesor pagado por la universidad, y todas las agrupaciones hacen parte de una materia que se llama Práctica de Conjunto.

Cuando se necesitan recursos para participar de algún festival o hacer una grabación profesional, el profesor redacta las necesidades y las instancias universitarias aprueban lo que les alcanza, el resto toca entre concursos, rifas o dinero de bolsillo propio.

Para las personas externas manejan dos cursos autofinanciados, el Conservatorio de Música de Caldas que atienden niños desde 7 años hasta personas adultas mayores, con un costo de 400.000 pesos. Y un preuniversitario que prepara para los exámenes de ingreso a la carrera, tiene un costo de un salario mínimo, afirma el director del Departamento de Música de la Universidad de Caldas, Héctor Yovanny Betancurt Santa.

Sin embargo, los estudiantes de la Licenciatura que logran sacar composiciones o sencillos (covers) al mercado tienden a desmotivarse porque el apoyo que el plantel les brinda suele volverse solo parlanchinería, así lo describe Jhony Alejandro Galindez Daza, estudiante de Licenciatura en Música de la sede Bellas Artes y director de la banda Sentido Latente.

Además, en la ciudad no hay mucho apoyo ni sitios para mostrar el talento local. Bares como Silmaril, Plug and Play o Índigo son algunos de los pocos que tienen música en vivo.

 

Música como hobby

Lina Marcela García Clavijo, coordinadora de la Unidad de Arte y Cultura de la Vicerrectoría de Desarrollo Humano de la Universidad Autónoma (UAM), informa que allí se manejan cursos gratis de piano, guitarra, percusión, técnica vocal, danza, teatro, fotografía y manualidades. Cuentan con 5 teclados, 13 guitarras e instrumentos de percusión menor y mayor. En técnica vocal enseñan manejo de micrófonos y sonido profesional. 

Cada grupo semilla tiene tanta capacidad para personas como instrumentos y espacio. Si en un  salón hay trece guitarras se pueden tener 26 alumnos en dos jornadas de clase. En la Universidad Autónoma el presupuesto para estos proyectos es de 60 millones de pesos. En las diferentes instituciones se contempla una cantidad igual o menor cada año.

Como la UAM, la Universidad de Manizales (UM), la Nacional (UN), la Católica (UCM), la Luis Amigó, la Remington y la Antonio Nariño, se apoyan en la División de Bienestar Estudiantil y de Extensión Cultural para sustentar a los semilleros musicales, ya que allí la música se ve más como un hobby.

Los cursos de semillero no son autosostenibles, por lo que es muy difícil para algunas universidades poner un presupuesto fijo. El tiempo se vuelve un factor clave porque al ser una actividad extracurricular debe balancearse con el estudio, la familia y la vida social. Luis Gonzalo Amaya Amaya, estudiante de Contaduría Pública de la Universidad de Manizales (UM), manifiesta que “la UM abre los espacios para hacer presentaciones musicales, pero siempre deja a la deriva a los estudiantes y profesionales encargados de dichos asuntos, no hay una dirección o un norte”. En todo el transcurso de su carrera participó en un semillero y dos grupos.

Como el de Amaya, el discurso de los miembros de la comunidad universitaria que quieren hacer música en Manizales es parecido. Y concluyen que no es solo crear un semillero, lo que es muy necesario, sino mantenerlo. La música es importante porque hace parte de la estética humana, permite posibilidades de transmitir valores, sentimientos y emociones.

La Universidad de Manizales cuenta con 14 guitarras acústicas, dos electro acústicas,dos eléctricas y un bajo. “Tengo 33 alumnos y en pocas ocasiones me he quedado sin guitarras, pero sí he tenido malos contrastes con otros profesores por la falta de espacio”, manifiesta Steven Vasco Ramírez, profesor del semillero de guitarras de la UM.

La experiencia de estar en los semilleros es enriquecedora para sus participantes: “Uno se siente muy bien, acompañado, y en una familia. Hay carencia en la parte de los atriles, y la estructura de la clase está en un plan de seguimiento, que hace muy ameno su desarrollo”, dice Johan Arévalo Ballesteros, estudiante de tercer semestre de Ingeniería Biomédica en la UAM. Aunque en ocasiones el apoyo no alcanza, algunas salas de grabación como MatchVox están pendientes para rescatar los talentos sobresalientes y permitirles locaciones para grabar sencillos (covers). 

“El año pasado, a cargo de la profesora Andrea Vargas, exprofesora del Semillero de Cantantes de la UM, pudimos grabar dos sencillos cada integrante sobresaliente de la sala. Fue una experiencia grata, ya que muchos no conocían un estudio de grabación.

Falta plata pero hay ganas”, sentenció Laura Serna Jiménez, estudiante de esta institución.

“Desafortunadamente en la ciudad no tenemos todavía la mentalidad sobre la importancia que tienen las artes en el crecimiento humano”, así concluye la profesora, Liliana Andrea Vargas Rocha.

 

Lea el periódico completo aquí: Página 235

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