Quienes mucho hablan, poco hacen

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Nos faltan tres. Nos quitaron tres. Así. A secas. Tal vez con numerales al principio, imágenes de cintas negras y una que otra condolencia adornada; pero tres al fin y al cabo. Con estas y otras expresiones similares se inundaron las redes sociales luego de que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, confirmara la muerte, en manos de un grupo disidente de las FARC, de tres integrantes de un equipo periodístico del diario El Comercio. Sin duda, un acto repudiable; con seguridad, la circunstancia propicia para entender que los sentidos pésames son insuficientes para combatir la violencia contra la prensa.

El presidente Juan Manuel Santos se pronunció en Twitter con un mensaje en el que reiteraba su “solidaridad y la del pueblo colombiano” y daba a entender su rechazo hacia “estos hechos deplorables”. Desde Perú, Martín Vizcarra enfatizó en la “solidaridad con el presidente @Lenin, los familiares y el pueblo ecuatoriano por el terrible asesinato de los tres periodistas“. En la voz de Bolivia, Evo Morales, incrédulo, como si estuviera desentendido de las atrocidades que atormentan el día a día de los periodistas, manifestó el anhelo de justicia y, por supuesto, toda la “solidaridad al pueblo ecuatoriano y a familiares de las víctimas. ¡Mucha fuerza!”.

 

Bellas las palabras de los mandatarios, pero es pertinente recordarles que la violencia no desaparece a punta de verbos y palabras de aliento porque la ley y las decisiones están diseñadas a partir de discusiones, concertaciones y papeleos; es decir, acciones concretas, no discursos volátiles. Y no es que sea innecesario demostrar empatía y compasión, el rollo está en que mientras la mayoría hace carrizo y teclea buenas intenciones, la impunidad sigue deambulando por las calles.  

 

Ahora bien, este caso atroz deja hoy tres sillas vacías en el mundo del periodismo, pero hay poca fijación en las que están desocupadas desde hace varios días atrás. Según cifras del informe anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF), en el 2017 y en lo que va corrido del 2018, 74 periodistas fueron asesinados en el mundo, de los cuales 14 tuvieron lugar en Latinoamérica. ¿Qué se sabe de ellos y de sus casos? Más que de mensajes de afecto y consuelo, existe la necesidad de difundir cifras y acontecimientos para otorgarle a este monstruo la atención que merece frente a la ciudadanía y las autoridades competentes, ya que pocos son los enterados de los antecedentes del fenómeno. Claro, los actos simbólicos son importantes –el cese de emisión de Ecuavisa, el decreto de los cuatro días de duelo nacional– en tanto que penetran lo sensible y despiertan conmoción, pero es importante ayudar a entender que, en realidad, no nos faltan tres; nos faltan más.

 

Por último, y de la mano de lo anterior, el enfoque en la construcción y difusión de contenidos de afecto y condolencias no ayuda a combatir la violencia directamente porque tiende a desviar la atención de acciones tan importantes como lo son el denunciar y apretar al Gobierno para que reevalúe qué es lo que ha hecho frente a la repetición de actos deplorables como el asesinato de los tres integrantes del equipo de trabajo de El Comercio. Vale la pena pensar en un país en el que las denuncias obliguen a plantear la lucha contra los criminales desde el antes, no desde el después. Si las acciones se llevaran a cabo en el momento indicado y con el compromiso adecuado, la mayoría no estaría redactando y reciclando sentidos pésames como modo de ayuda.

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