Recordar lo que nos pasó

Especiales

Por: Página

 

Todo se volvió cifras. Lluvias y deslaves del 18 y 19 de abril de 2017 en Manizales y Villamaría, que afectaron a 37 barrios, dejaron 17 personas muertas, 150 viviendas destruidas y 850 en riesgo, 2.954 familias damnificadas y un centenar de personas durmiendo en improvisados albergues (luego se habló de 500 familias damnificadas y 80 casas afectadas); además de otros daños materiales. La ciudad se declaró en alerta roja y en estado de calamidad pública.

Entre la tarde del martes 18 y la madrugada del miércoles 19 de abril de ese año llovió en Manizales lo que se suponía
llovería en un mes. “Cayeron 156 milímetros (mm) de agua en 6 horas y eso es un evento hídrico extraordinario, un
riesgo residual”, dijo hace un año a UM Central Omar Darío Cardona, doctor de la Universidad Politécnica de Cataluña en Ingeniería Sísmica, consultor del BID y ex Director nacional para la Prevención de Desastres.
Fernando Mejía Fernández, profesor de la Universidad Nacional y ex director del Ideam, indicó que en lo corrido del siglo XXI han caído en Manizales 5 aguaceros que superan los 140 mm. Por eso llamó la atención sobre la necesidad de actuar preventivamente ante el cambio climático.

Gonzalo Duque Escobar, ingeniero y experto en geología, sostuvo que los potreros, la deforestación y la ganadería
ayudaron al desarrollo de la tragedia. “Tener la montaña deforestada causó este desastre, lluvia torrencial más suelos desprotegidos dan como resultado lo sucedido”, apuntó Duque Escobar.

Más cifras. El Gobierno nacional se comprometió a entregar a 1.500 familias sin vivienda un subsidio mensual de arrendamiento de $250.000, para que pagaran arriendo por tres meses. El Ministerio de Agricultura notificó que de las 750 familias que serían reubicadas (200, de ellas, en zona rural). El Ministerio de Educación se comprometió con los cinco colegios afectados, y el Ministerio del Medio Ambiente dijo que creará bosques en Manizales, Villamaría y Chinchiná para mitigar riesgos.

Pero ha pasado un año y sigue sin darse una solución contundente. Detrás de esas cifras hay seres humanos que aún padecen las consecuencias de las lluvias de abril del 2017, de la falta de educación ambiental de todos los ciudadanos para cuidar las montañas, el agua, la tierra; de la desidia de los gobiernos locales y el Nacional para hacer cumplir lo que prometieron.

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