Después de la tormenta, no llega la calma

Emergencia Invernal 2017 Especiales

 

 

Varios damnificados, aparte de perder a seres queridos, perdieron sus casas y enseres. Por ello, es vital determinar las consecuencias que generó este hecho desde el ámbito económico, sociológico y psicológico.

 

Desde lo psicológico

Los procesos mentales, sensaciones, percepciones y el comportamiento del ser humano frente a fenómenos que se desarrollan en el medio físico y social que lo rodean, son motivo de atención para el proceder ante una comunidad que sufrió un desastre como el ocurrido el 19 de abril del 2017; sobre todo si nos referimos a este desastre como un “evento súbito que genera alteraciones individuales, sociales y económicas, que sobrecarga a todas las instituciones y comunidad para hallar respuestas al hecho”, como lo afirmó Andrés Carvajal Díaz, psicólogo y auxiliar de investigación en el Observatorio Psicosocial para la Gestión del Riesgo de Desastres de la Universidad de Manizales.

Carvajal Díaz aseguró que el impacto de una situación así provoca un desajuste en el proceso de adaptación de una persona dentro de la comunidad, pues, posteriormente, entra en un círculo de circunstancias de estrés, aislamiento, preocupación y ansiedad frente al “¿qué va a pasar conmigo?”, luego de sufrir estas pérdidas.
Comentó que muchas veces la psicología falla en el diagnóstico temprano de estas personas, a quienes a partir de cierto tipo de conductas, actitudes y comportamientos, las acomodan dentro de unos diagnósticos psiquiátricos establecidos y fuertes, y terminan por dictaminar condiciones psicológicas como, por ejemplo, depresión, ansiedad o estrés postraumático a tan solo un día o una semana después del hecho. Aseguró que este tipo dictámenes son “totalmente falsos y, además, negligentes. Se necesitan síntomas en un tiempo determinado: tres, seis meses o un año para sacar un diagnóstico de esta magnitud”.

Al ubicar la emergencia después de un año de ocurrir, Carvajal Díaz fue puntual al mencionar que toda consecuencia psicológica es distinta para cada uno de los afectados, pues influye su afrontamiento personal y como miembro de una comunidad; además del apoyo recibido por las entidades de acompañamiento o redes de apoyo, tanto institucionales como personales. “La Alcaldía se encargó, en caso de que una persona lo requiera y lo solicite, de otorgarle herramientas de acompañamiento en consultas psicológicas para subsanar este tipo de situaciones”. El psicólogo enfatizó en el Factor de Resiliencia como la capacidad que tiene una persona para sobrepasar cualquier situación fuerte o complicada.

Así, un año después, se puede encontrar y diagnosticar desde el foco psicológico, de forma segura, patologías como el estrés postraumático, que se presenta con crisis de ansiedad; recuerdos recurrentes de la emergencia o depresión a partir de duelos no elaborados. Sin embargo, Carvajal aseguró que estas situaciones se pueden presentar de forma recurrente en las personas que hasta la fecha no han recibido el acompañamiento, o no quisieron hacerlo.

El psicólogo hizo mención de los daños en el entramado y tejido social, pues una cantidad considerable de víctimas fueron reubicadas en otras partes de la ciudad y lugares aledaños, y así se generó un desarraigo frente a las raíces, la cultura, las dinámicas populares y comunitarias. “Actualmente podemos encontrar barrios y comunidades que ya generaron otro tipo de prácticas diferentes a las que tenían antes”, agregó.

Para Carvajal hay que entender que cuando se presentan estas situaciones de emergencias, todas las reacciones presentadas por las personas, tanto de temor, miedo y aislamiento, son condiciones que se deben considerar como normales dentro de este tipo de situaciones porque, puntualmente, el cerebro de cada persona está reajustándose para volver a adaptarse y que cada uno pueda volver a retomar su vida normal.

 

Desde lo sociológico

Desde el análisis científico de la estructura y funcionamiento de la sociedad humana, el impacto de carácter social en estos siniestros es el más complejo. Desde el primer instante de la emergencia del 2017 hubo un movimiento de solidaridad de toda la ciudad, así lo aseguró Paula Gómez Cardona, socióloga y coordinadora de la Casa de Cultura de la Comuna Universitaria.

Sin embargo, enfatiza en el contraste colaborativo que se evidenció posteriormente, cuando después de los derrumbes, los propietarios de los alquileres de las viviendas ubicadas en las zonas aledañas a la afección optaron por incrementar sus precios: “Por un lado, soy solidario y regalo lo que se necesite; pero por otro lado, mi casa, que está en condición de arrendar, le duplico el valor del arrendamiento… No es concordante”.

Desde la sociología, una casa no solamente es un entramado físico, se argumenta que es también una estructura de relaciones sociales, vecinales y familiares, donde se ha construido la historia y nace una relación de identidad con el territorio donde se ubica. A partir de ello, Gómez Cardona hizo alusión a factores influyentes en el desarrollo social desde el momento en que las víctimas deben abandonar sus lugares de vivienda a causa de una situación enmarcada en un siniestro: “Se crea una ruptura de todas las relaciones de familiaridad y comunidad. La historia se rompe. Muchos de los vecinos ubicados en Aranjuez terminan en zonas rurales o en barrios de condiciones socioeconómicas más complejas porque no tienen posibilidades de elegir otro lugar”.
Ahora bien, el ámbito social no solamente se ve influenciado por el desplazamiento del barrio, sino que directamente tiene implicaciones por la ruptura abrupta de la comunidad a partir de un temor: El miedo a morir en medio de la emergencia. Paula mencionó que “esto genera traumas en la comunidad porque la sensación de miedo es permanente” y ahora, un año después, que nuevamente haya una temporada de lluvias fuertes, hace revivir episodios a quienes fueron afectados.

La socióloga asegura que empieza a presentarse una pérdida de confianza en las instituciones estatales; una ruptura entre los liderazgos comunitarios y los liderazgos políticos; un cortocircuito entre las comunidades y sus propios liderazgos comunitarios producto de la acción u omisión de las funciones estatales. “Una situación ambiental como la que sucedió hace un año en Manizales es prevenible. Los líderes venían generando alertas desde hacía varios meses sobre las montañas, hablándoles a oídos sordos. Cuando se desencadena esta crisis humanitaria, ocurre una pérdida de confianza en el Estado”, cuenta Paula; añadió que esto genera apatía, poca participación política y ruptura con escenarios tradicionales como las juntas de acción comunal. Después de un año, la coordinadora de la Casa de la Cultura enfatiza que la situación de ruptura permanece.

 

Desde lo económico

Con relación a las implicaciones económicas, hay dos momentos: El primero es cuando ocurre el hecho que se llama Desplazamiento de la Frontera de las Posibilidades de Producción, lo que evoca a una pérdida de bienes y servicios, como lo es, por ejemplo, una vivienda, que provee servicios de habitación a las personas, además de los bienes que hay dentro de la misma y esto directamente alerta un efecto negativo sobre la economía. El segundo momento es el proceso de reconstrucción, donde hay una inversión de recursos de parte del Estado para contratar mano de obra; pagar salarios; compra de bienes y servicios como el cemento, ladrillos y los utensilios requeridos. Así lo constató Duván Emilio Ramírez Ospina, Economista y Decano de la Facultad de Ciencias Contables Económicas y Administrativas de la Universidad de Manizales.

En el siniestro del 19 de abril también fueron afectados múltiples habitantes de “invasiones” (terrenos del Estado que no han sido estudiados ni destinados para construcción de viviendas ni edificaciones y son ocupados, ilegalmente, por personas que buscan un techo), a los que el Estado también debe reparar: “Independiente de que vivan en construcciones legales o ilegales, hay una afectación al patrimonio de unas personas y se entra a resarcir las dificultades de las víctimas desde la cooperación con la sociedad civil y la cooperación internacional en la que en ciertas medidas se acude”, resaltó Ramírez Ospina. Aseguró que ese tipo de desastres, en sus primeros pasos, ocasionan un efecto negativo directo en la economía; pero, posteriormente, pasa a ser positivo en la actividad económica por la reinversión generada.

El tema de la vivienda ha evidenciado las consecuencias sociológicas y económicas de quienes resultaron afectados

 

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