Caminando por los barrios

Emergencia Invernal 2017 Especiales

*Este texto fue publicado en la edición especial de Página en abril del 2017.

Lo ocurrido el 19 de abril del año anterior no solo arrasó con vidas, sueños y familias, sino que transformó el concepto de vecindad en los barrios afectados. Página recorrió algunos de los lugares del siniestro y esto encontró. 

Persia: solidaridad

Caminar por el barrio contiguo a Jabonerías Hada es un poco confuso. Calles sin salida, múltiples casas separadas por tablitas y escaleras que conectan con angostos caminos que recorren día a día sus transeúntes. Lo que sí es claro es que se trata de un barrio de gente unida, en donde se pueden ver niños jugando con sus motos de plástico en las calles o una señora mayor chismoseando con su vecina a través de una empolvada ventana.

El barrio comenzó a ser poblado en 1947 y se llamaba Perpetuo Socorro, por la Virgen, la patrona, a ella le tienen un altar que siempre está en el mismo lugar. Un presidente de la Acción Comunal le cambió el nombre por Persia porque le sonaba mítico, evangélico.

Maria Olga Idárraga Castaño, de 64 años, es una de sus habitantes. Su casa no sufrió daños con la catástrofe, pero aquella madrugada vió perecer a 7 de sus vecinos más cercanos. Narra que después de ese 19 de abril, el ambiente de vecindad no ha cambiado mucho. “Su gente”, como ella misma les dice, sigue siendo amable, unida, se ayudan entre sí y todos se conocen. Incluso, algunas de las familias que sobrevivieron, pero que perdieron sus casas, fueron acogidas en su mismo barrio y viven ahora en casas de vecinos. Este fue el caso de la familia Gutiérrez Ospina. Una de sus integrantes, Nicole Julieth, de 14 años, señala con tranquilidad que su casa se destechó y es inhabitable, pero gracias a la generosidad de una de sus vecinas, ahora su familia vive en su casa y son un hogar más numeroso.

 

González: incertidumbre

Únicamente un angosto riachuelo separa el barrio González del Alto Persia y por su cercanía, igualmente resulta un poco confuso caminar por sus calles y pasadizos. En el lugar la gente se ve animada, aunque no se respire un aire de unión entre los vecinos. Marta Cecilia Menjura Avendaño, de 54 años, reside hace varios años en el sector y cuenta que el hecho de haber perdido a vecinos conocidos hace un año, dividió a la comunidad. Ella le echa la culpa de este problema a una líder, porque en su concepto ésta solo se centró en ayudar a la gente que aún reside en la cuadra donde colapsaron las 5 viviendas y al resto del barrio lo dejó a un lado con sus problemas.

Antes del 19 de abril el González tenía tres lugares representativos: El altar a la Virgen del Carmen, la aún abandonada caseta comunal y los filos de la montaña, en donde se refugiaban los jóvenes.

Los moradores del barrio dicen sentir “terror” cada vez que comienza a llover y temen por sus “ranchitos”. La incertidumbre y el miedo de que algo similar pueda volver a suceder laten en los corazones de los habitantes del González.

 

Eucaliptus o Bajo Persia: soledad

Se ve de inmediato un terreno inhóspito al llegar a la quebrada que inundó de terror a los habitantes de la Ruta 30. Donde antes había 7 casas, ahora solo hay un pantanero, el cual Corpocaldas trató de arreglar con la construcción de una canaleta para redirigir el cauce del arroyo. Las lluvias de abril del 2017 no dejaron víctimas fatales, pero sí más de 10 familias damnificadas y que tuvieron que abandonar el lugar, ya sea porque la avalancha les destruyó todo o porque sus viviendas quedaron inhabitables.

José Edilberto Soto Vásquez, de 69 años, vive con su esposa en una de las 3 casas que lindan con la quebrada y que quedaron aptas para habitar. Relata que antes de la tragedia era muy unido a sus vecinos, los reconocía a cada uno por su nombre y que incluso podía irse de viaje un mes y ellos cuidaban su casa de los ladrones. “Doña Clara, don Pablo, don Guillermo”, recuerda mientras se asoma por las rejas de su patio que aún conserva un poco de barro. Siente la soledad, la desintegración de los vecinos que antes eran como parte de su familia. Además, con ellos se fueron la seguridad que sentía al tenerlos cerca, pues si deja un día la casa sola la podrían saquear, porque se volvió un sitio inseguro.

 

 Aranjuez: calle desolada

En el último barrio oriental de la Comuna Universitaria todo es muy tranquilo y se respira un ambiente deportivo, hasta que se comienzan a subir las lomas para llegar a la calle 72ª con carrera 40, donde aquella noche del 19 de abril la lluvia no cesó. La avalancha se llevó por delante 3 casas y 10 más tuvieron que ser evacuadas. Allí murieron 3 personas.

En esa misma dirección encontramos a José Derian Villada Zuluaga, el Patillas, como es conocido, quien no sólo perdió a sus hermanas Miriam y Luisa María, sino que se quedó sin sus vecinos que huyeron por temor. Cuenta que antes esta calle era un sector muy tranquilo, sano y donde nadie se metía con los demás. Ahora, el panorama habla por sí solo. Casas deshabitadas, en venta y en alquiler, reflejan el desespero de las personas por no querer volver jamás a este lugar. Además, por el sitio se ven muy pocas personas, pareciera una cuadra fantasma, donde se encuentran parqueados unos contados automóviles. Una anciana de unos 70 años, quien camina y lleva de la mano a una niña, nos dice con alegría fingida que no nos vayamos a perder la eucaristía que se va a realizar el próximo jueves 19 de abril allí mismo, en conmemoración de lo que dejó las lluvias de abril del 2017. Camufla su angustia y sigue su camino por la loma.

 

 

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