Así eran las víctimas de la tragedia en Manizales

Emergencia Invernal 2017 Especiales

Por: Laura Usma, Laura Ortega, Jessica Zapata, Juan David Moncada, Natalia Nieto y Juliana Villanueva.

 

Las cifras oficiales registran 17 fallecidos en la emergencia que vivió Manizales en la noche del martes 18 de abril y la madrugada del miércoles 19. Personas del barrio Persia, Aranjuez, Sierra Morena, Providencia, entre otros, se vieron afectados por las fuertes lluvias y el deslave en varias zonas. Cerca de 400 viviendas fueron desalojadas y muchas familias tuvieron que pasar la noche en albergues temporales.

A continuación UMcentral presenta el perfil de 14 de los 17 fallecidos en la tragedia:

Carmen Rosa Tangarife de Góngora. 60 años. Ama de casa

Jesús Antonio Castaño Marulanda. 62 años. Jardinero

Carmen, amante a la costura; Antonio, apasionado del jardín. Ambos residían en su vivienda color ladrillo en Persia. Eran la pareja más admirada y querida del barrio, conformaban una familia ejemplar. Vivían con Juan Pablo Góngora Tangarife, hijo de Carmen y su perro Tino, ellos dos también fallecieron.

Doña Carmen estaba pensionada gracias a su arduo trabajo en un hotel. En la mañana se dedicaba al hogar, y en la tarde a coser en la tienda de Patricia, su mejor amiga. Con ella, mientras le daba pedal a la máquina o realizaba decoraciones navideñas, hablaba hasta el anochecer. Era la tesorera de la Junta de Acción Comunal y estaba siempre pendiente en qué podía ayudar. Sus vecinos la recuerdan como una persona humilde, amable y servicial, la que batía la natilla y realizaba los buñuelos en la mejor época del barrio, en diciembre. Era vendedora de morcilla y el caldo se lo regalaba a los más pequeños, los que le hacían los mandados y los que hoy la recuerdan al decir: “Uno la quería mucho porque ella era muy unida con todos nosotros y nos ayudaba en lo que necesitáramos”, dijo Alejandro, un pequeñuelo.

 

Carmen y Antonio – Cortesía de Adrian Hernández Correa

Don Antonio también estaba pensionado, y más que jardinero era todero. De vez en cuando se veía con su guadaña rumbo a trabajar, siempre sonriendo y levantando sus niveles de voz en cada esquina del barrio para saludar y expresar: “¡Qué Dios lo bendiga!”.

Sus implementos de jardinería y construcción eran utilizados por quien los necesitara, y quien no los supiera usar don Antonio los asesoraba. Adrián Hernández Correa, vecino, se considera parte de su familia. Asegura que a don Antonio nunca se le vio de malgenio, era tranquilo, paciente y colaborador. Cuando no trabajaba se quedaba en casa, y era tan despreocupado que llegó hasta realizarle un tinte en el cabello a Patricia; y a cortarle las puntas quemadas a la sobrina de Adrián. Patricia y la niña, entre risas, recuerdan que quedaron muy satisfechas con ese trabajo.

Si de comer se trataba, la norma era que El Morro, así llamaba Carmen a su Antonio, debía dejarle un bocado a Carmen, y viceversa. Era una norma obligatoria. Nunca se les vio pelear. Eran cariñosos, respetuosos, amables… felices. Adrián cierra sus párpados: “Describirlos es muy difícil, eran una belleza, eran lo más bello que había en este sector”.

Carmen y Antonio estaban remodelando su hogar, faltaban pocos lugares por completar. El día de la tragedia ella estaba en la sala, y hasta allí llegó Antonio para ayudarla a subir a la terraza, el lugar más seguro, pero debido al considerable peso de ella, juntos caminaron lentamente hasta que la tierra los abrazó.

 Marleny Galeano.

 48 años. Integrante de la Junta de Acción Comunal.

Era parte del alma del barrio, ella hacía las rifas, bazares y eventos. “Fue ella la que me motivaba siempre a hacer las buenas acciones en la comunidad, todos aquí la recuerdan con dolor, pero con mucho mucho pero mucho cariño”, dice Diana Marín León, coordinadora de la Junta de Acción Comunal. Cuando servían los alimentos en los comedores comunitarios, Marleny era la primera en ponerse el delantal y atender a la comunidad.

El día de la tragedia salió de su casa, se devolvió por su celular para llamar a alguien, eso fue lo último que se supo de ella con vida.

Juan Pablo Góngora Tangarife.

Juan Pablo Góngora Tangarife

28 años. Electricista.

Hincha del Once Caldas, hacía parte de Holocausto Norte, le decían “el negro” o “chorro”. “A mí no me mordió un perro, me mordió un tiburón de cuatro patas”, recuerda que le dijo Juan Pablo a Diana Marcela Castaño Tangarife, su prima hermana, luego de que su mascota le mordió la oreja el jueves santo pasado. Era sonriente, soltero y no tenía hijos.

Dice Diana que sus compañeros de barra le harán un sentido homenaje para despedir a quien siempre llegaba con una sonrisa y con algún cuento para hacerlos reír.

No fue el único que murió de esta familia pues sus padres: Carmen Rosa Tangarife y Jesús Antonio Castaño también fallecieron en la tragedia.

Ana Lucía Giraldo

53 años. Ama de casa.

Ana Lucía Giraldo

Murió ayudando a los damnificados del barrio Persia, entre el ir y venir del lodo y los afectados, un alud la sepultó en la puerta de su  vivienda.

Amiga y comadre de Marleny Galeano (quien también falleció) y Diana María León, juntas coordinaban todas las actividades de la Junta de Acción Comunal.

 

 Gabriela Martínez.

16 años. Estudiante del colegio Leonardo da Vinci.

Gabriela Martínez – Tomada de La Patria.

A la hora de la emergencia en el barrio González, Gabriela estaba con su madre, de un momento a otro desapareció. Diana Marín León coordinadora de la junta de acción comunal del barrio González recuerda que era muy colaboradora, le gustaba participar en las actividades de la comunidad. De grande quería ser profesora, por eso estaba haciendo su servicio social en un jardín infantil.

En el momento en que su madre se disponía a ayudar a los demás afectados se dio cuenta que Gabriela no estaba, no la volvería ver sino al día siguiente cuando encontraron su cuerpo.

Luisa María y Miriam Villada Zuluaga

48 y 58 años respectivamente. Eran hermanas y amas de casa.

Myriam Villada

Hermanas reconocidas en Aranjuez por su dulzura, compasión y amor por su familia. Milton Medina Ángel, habitante del barrio recuerda que siempre estaban presentes en lo que ocurría: El torneo de Reyes Magos y las actividades con los ancianos del sector eran planes infaltables en sus agendas. La familia de Luisa María y Miriam es reconocida en Aranjuez, pues crecieron a la par con el barrio.

Su hermana, Marleny Villada, dice que el paso por el mundo de sus dos parientes estuvo marcado por la pérdida de los seres queridos y la muestra de resiliencia al reponerse y continuar.

Doralís Díaz Hincapié

60 años. Peluquera y ama de casa.

Doralís Díaz Hincapié

Madre, esposa y abuela oriunda del corregimiento de San Felix, en Salamina (Caldas).  40 años viviendo en el barrio Persia, en una casa de la que solo quedan escombros y recuerdos. Se dedicaba a darle estilo a la cabellera de los jóvenes del sector, era un símbolo.

“¿Dorita?”, responde doña Alicia Arias, una abuela vecina quien con ojos llorosos expresa: “Era una excelente persona, unos grandes vecinos que hemos llorado como si fueran hermanos”. Doralís era una mujer sonriente, solidaria, así la describe su hijo Fernando Vásquez Díaz: “!Dorita, Dorita, Dorita!, para todo era ella, para ayudar, para acompañar, para servir”.

Doña Doralís falleció en su casa al igual que su cuñado (Carlos Vásquez) y su nuera (Liliana Jaramillo). En la foto está acompañada de su nieto, quien quedó huérfano de madre.

 

Leonel Cárdenas Bermúdez y María Judith Ramírez

Entre 75 y 80 años. Eran esposos.

 

Era una pareja reconocida en el barrio Persia, tenían una hija, quien los cuidaba. Doña María Judith estaba reducida a la cama, decidieron mudarse porque su anterior casa estaba en una zona de riesgo. Esta semana iban a dirimir un conflicto con uno de los vecinos por temas de terreno. Esta pareja aunque humilde, era reconocida por su trato y amabilidad.

 

 Neydi Liliana Jaramillo Parra

Aproximadamente 30 años. Estudiante de Gestión Administrativa del Sena.

Neydi Liliana Jaramillo Parra

De tez blanca, zarca, alta, una excelente persona, hija, hermana, buena gente así la recuerda Yance Pineda, vecino. Cristiana, iba a la Iglesia Ministerial de Jesucristo. Desde hace 15 años era la esposa de Julián Vásquez, madre de dos niños: Laura Sofía y Jacobo. Hace 2 años vivía en el barrio Persia con toda su familia.

 

Carlos Arturo Vásquez  Gálvez

63 años. Pensionado.

Vecino de más de 30 años del barrio Persia, perdió la vida junto a su cuñada (Liliana) y otra familiar cercana (Doralís). Hoy su sobrino Fernando Vásquez lo recuerda como una persona alegre, que velaba siempre por la unión de su familia. “A pesar de su edad y la enfermedad que lo alejó de su empleo, siempre estuvo pendiente de cuidar a toda la familia”. El hogar Vásquez Díaz, conformado por cerca de ocho personas, sufrió los estragos de las  lluvias y despide a tres de sus miembros.

 

José Octavio Suárez Tova

40 años. Intendente de Policía.

José Octavio Suárez Tovar.

Fue entre las avalanchas de las 3:30 de la mañana, cuando él, con 20 años de servicio en la Policía, salió de su casa a pitar con su carro a todos los habitantes de su cuadra que gran parte de tierra del cerro se vendría por esas casas.

Jhonier Javier Ciro, su cuñado, dice: “Era un hombre dedicado a la familia, un padre amoroso, entregado a su servicio, de una calidad humana y un don de ser muy grande”. Cuenta que Dolly Yarney, su hermana, lo llamó para decirle que ella había escapado de la avalancha, pero que su esposo había muerto. Jhonier salió de Villavicencio hacía Manizales para cuidarla, pues ella salió herida. José dejó dos hijos (de 6 y 8 años).

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