Trabajo informal, cuando la estabilidad está en la calle

Caldas

La Alcaldía, la Cámara de Comercio de Manizales por Caldas y los gremios comerciales buscan integrar vendedores ambulantes “de legítima confianza” a empresas formales, pero para ellos “la calle es un atractivo”. Se trata de quienes llevan muchos años viviendo del rebusque.

 

El vibrante color de los alimentos, junto con la frescura de los mismos, llaman la atención de los clientes.

 

A las 4:00 a.m. inicia el día para María del Carmen Rivera. Ser vendedora ambulante le implica madrugar bastante para poder hacer los quehaceres del hogar y, luego, salir a trabajar. No necesita escuchar el sonido de la alarma para levantarse porque su cuerpo y su reloj biológico están acostumbrados a hacerlo.

Lo primero que hace en el día es persignarse y encomendar a Dios el día que inicia y la jornada de trabajo que realizará. Entre barrer, trapear, organizar los cuartos, lavar ropa, hacer el desayuno para sus tres hijos y adelantar el almuerzo, le llegan las 6:30 de la mañana, hora en la que sale corriendo de su casa rumbo al trabajo, dejando a un lado sus 58 años y sus “achaques, como le dice a sus enfermedades, y partiendo con la ilusión de vender los productos que días antes no había logrado comercializar.

Como ella, existen 2.600 personas que ejercen empleos informales en la ciudad, de los 398.874 habitantes de Manizales -de acuerdo a las proyecciones demográficas oficiales para el año 2018-; pero según el secretario de Medio Ambiente del municipio, Diego Fernando González, tan solo mil están autorizados para ejercer la comercialización de sus productos en las calles.

Y es que quien va a La Galería -como llaman comúnmente al Centro Galerías Plaza de Mercado-, nota la diferencia entre este lugar y los almacenes de cadena tan usuales en la ciudad. Los espacios son diferentes, no solo porque es imposible, en este lugar, empujar un carrito entre estantes de productos ordenados, caminar sobre pisos limpios o pagar con tarjeta débito o crédito.

Los productos son expuestos en costales, racimos o bolsas sobre tablas de madera, pisos o penden de las manos de sus vendedores, quienes a su vez son promotores de sus productos y los ofrecen con la fuerza que tienen sus pulmones y las resistencia de sus cuerdas vocales para superar el sonido ambiente.

 

Vea también la galería de fotos ‘Colores y oficios en el Centro Galerías Plaza de Mercado

 

Circular por el sector de la plaza, ubicado en la calle 22 entre carreras 16 y 17 y la carrera 17 entre calle 22 y 23, en el barrio Colón, es complejo. Un gran número de compradores van al sector convocados por la frescura de los productos, el olor flamante de los alimentos, los precios accesibles de los mismos y la excelente atención de los vendedores.

-“Siga, mi doña. ¿Qué está buscando?, le tengo mangos dulces, plátano maduro y los limones verdes, ¡listos pa´l jugo!”, dice Gerardo Antonio Zapata, comerciante informal desde hace 32 años, con voz atenta y fuerte a la vez, para captar la atención de los transeúntes. Sus vivaces ojos cafés brillan cuando un cliente vuelve fielmente a su puesto, es para él un gesto de confianza y un compromiso con el comprador y su familia.

 

Las condiciones laborales de muchos no son las mejores; pero la necesidad los obliga a rebuscarse la vida.

 

Jaime Delgado, quien se desplaza por la ciudad vendiendo sus productos en una carretilla improvisada que él fabricó con tablas de madera, llantas de una bicicleta y dos varillas de acero, afirma que las condiciones de trabajo no son las mejores. Tienen que trabajar desplazándose y soportando el cambio de clima de la ciudad, deben convivir con diferentes organizaciones delictivas que se dedican a comercializar sustancias psicoactivas, vender armas y expender alcohol de contrabando en el sectorLla Galería.

Sobre este tema, Kenneth Burbano Villamarín, director del Observatorio de Intervención Ciudadana Constitucional de la Universidad Libre, afirma que hay un deber de solidaridad con el sector de los vendedores informales en la sociedad, ante fenómenos como el desempleo, porque “son personas que están en una situación de debilidad manifiesta y alta vulneración de derechos. Por ende, no se les puede medir con el mismo rasero”.

Precisamente, partiendo del derecho al trabajo de las personas, la Corte Constitucional emitió la sentencia C-211 en el año 2017, condicionando el artículo 140 del Código Nacional de Policía, relacionado con las sanciones a vendedores ambulantes. En dicha resolución se señala que para efectuar las sanciones se debe tener “una valoración de las condiciones de vida y de trabajo de los vendedores informales”. También se afirma que “si llevan muchos años ejerciendo su actividad en el espacio público son denominados de legítima confianza y debe respetarse su derecho al trabajo, y específica la existencia de sujetos de protección especial dentro de los cuales están; los ancianos, los desplazados y  las personas cabeza de hogar.

Los vendedores ambulantes, en su mayoría, son personas que han tenido dificultades laborales y no tienen opción o es muy reducida su posibilidad de acceder a un empleo formal; por ello recurren al rebusque como única forma de supervivencia frente a las necesidades que enfrentan a nivel personal y familiar.

 

Hay personas que llevan más de 40 años en la informalidad.

 

El secretario de Medio Ambiente del municipio asegura que la Alcaldía, junto con la Cámara de Comercio de Manizales por Caldas y los gremios de mercaderes han buscado la manera de integrar vendedores ambulantes a empresas formales; pero uno de los inconvenientes es que “la calle es un atractivo para ellos”.

Cabe resaltar que durante la administración pasada -2012-2015-, en el periodo de mandato del exalcalde Jorge Rojas Giraldo, se realizó un proceso de formalización de vendedores. Consistió en dar una unidad de negocio completamente formal a las personas que vendían productos en el centro de la ciudad o que se desplazaban dentro del mismo. Dicho plan benefició a 25 personas, pero al hacer control en el actual periodo de mandato se encontró que solo existían dos unidades de trabajo del total de personas beneficiadas.

Según González, a la fecha no ha recibido la primera queja oficial por abuso de fuerza por parte de la Policía Nacional o de los 35 controladores del espacio público, adscritos a la Alcaldía. Por el contrario, afirma que hay personas que trabajan de manera ilegal y en los operativos que realizan, se registran agresiones y amenazas por parte de los vendedores para los funcionarios y para la Policía.

Y es que cabalmente la Policía, las autoridades y el Estado tienen el deber de preservar el espacio público; pero la Corte Constitucional ha condicionado que hasta tanto no se ofrezcan los programas de reubicación y opciones de empleo formales no se puede aplicar las sanciones previstas en el Código Nacional de Policía, las cuales varían desde la multa, el  decomiso y llegan hasta la destrucción de los productos.

En el ámbito local, conforme al acuerdo N°443 del Concejo de Manizales, firmado el ocho de agosto de 1999, el cual reglamenta y regula el ejercicio de las ventas ambulantes en la ciudad, lo primero que tiene que hacer un vendedor ambulante para iniciar su proceso de formalización es solicitar una encuesta socioeconómica.

Actualmente, dichas encuestas están suspendidas porque hasta el 2010 se registraron 2.600 personas. Las inscripciones se encuentran cerradas y la única opción para que un vendedor ambulante entre a ella es por medio de un mandato judicial; es decir, si juez de la República, mediante una acción de tutela, falla a favor del vendedor ambulante que solicita la encuesta.

“Si una persona está trabajando en la calle, lo más seguro es que no lo haga por gusto. Si tuviera la opción de acceder a un empleo formal, obviamente no se quedaría allí”, asegura Burbano, quien también explica que los alcaldes municipales deben buscar que este sector de la sociedad tenga opciones laborales que ofrezcan estabilidad y garantías para ellos y sus familias.

Y mientras eso se logra, María del Carmen Rivera seguirá madrugando todos los días como lo hace sagradamente para lograr sostener a su familia, Jaime Delgado seguirá transitando las calles con su improvisada carreta ofreciendo sus 20 bananos por dos mil pesos y sus piñas a mil a los transeúntes con los que se tope y, finalmente, Gerardo Antonio Zapata seguirá vendiendo sus productos como lo viene haciendo hace 32 años. Lo harán junto con los demás vendedores ambulantes que, según el DANE, conforman el 39,7 por ciento de la población en Manizales que se ocupa de manera informal.

 

Comentan

“Desde niña tuve que trabajar en la finca, no tuve la oportunidad de terminar mis estudios. Ahora no pienso en mi sueño de ser oficinista, porque como dicen ¿para qué llorar sobre la leche derramada?”, María del Carmen Rivera, vendedora ambulante hace 25 años.

“No queda más que seguir acá. Por la edad que una tiene, no le dan trabajo en otro lado, por eso hay que buscar cómo salir adelante”, Arcienoe Ospina- 53 años-, vendedora ambulante del sector de la Galería, oriunda de Salamina, Caldas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *