Ser Pilo Paga, sinsabores de un programa emblema

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Una bendición. Eso significó para los colombianos de estratos 1, 2 y 3 el anuncio que hizo el Gobierno de Juan Manuel Santos en el 2014 de poner en marcha un programa que beneficiaría a estudiantes de último grado de la básica secundaria. Ser Pilo Paga: esa sería la frase más pronunciada por los jóvenes que esperaban llegar a la educación superior de alta calidad, pero que no contaban con los recursos para hacerlo.

 

*Así funciona Ser Pilo Paga:

 

Lo que en un principio fue una prueba piloto, se convirtió en la más grande oportunidad de colegiales y sus familias.

El funcionamiento del programa es, a simple vista, fácil de entender. El Estado premia a los estudiantes con los mejores puntajes en la Prueba Saber 11, financia la matrícula y brinda un apoyo de sostenimiento, en convenio con el Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (ICETEX), según sea la situación de cada beneficiario.

En el 2018 se completaron cuatro convocatorias y cada una de estas contó con requisitos diferentes. Los puntajes en las pruebas de Estado, según la convocatoria, fueron: Ser Pilo Paga 1 (310); Ser Pilo Paga 2 (318); Ser Pilo Paga 3 (342) y Ser Pilo Paga 4 (348). De igual forma, el estudiante debió haber cursado y aprobado grado 11 en el año de apertura de la convocatoria, además tuvo que ser admitido en un programa académico, en modalidad presencial, ofertado en una Institución de Educación Superior con acreditación en Alta Calidad (o en proceso de renovación de dicha acreditación). Por último, estar registrado en la base de datos del Sisbén con la fecha de corte y puntaje establecido en cada una de las convocatorias.

El puntaje del Sisbén que se requiere para hacer parte del beneficio se determina según la ciudad o sitio en la que se ubican los estudiantes. En las 14 ciudades: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga, Ibagué, Pereira, Villavicencio, Pasto, Montería y Santa Marta es de máximo 57,21; en el resto de zonas urbanas diferentes a las mencionadas se requiere 56, 32 y finalmente en el área rural de 40,75. Si los puntajes sobrepasan esas cifras, ya no califica como posible beneficiario.

Lo que el Gobierno Nacional explica con menos prioridad es que Ser Pilo Paga no es una beca. Este es el tema en el que los estudiantes con ansias de acceder a las mejores universidades del país, no se detienen para comprender la magnitud de la responsabilidad que están adquiriendo al firmar el contrato que los vincula legalmente con el cumplimiento de todos los puntos. Es un crédito condonable y financia todo el valor de la matrícula, siempre y cuando se culmine la carrera escogida y se obtenga el título profesional; es decir, cuando el estudiante se gradúe.

 

Los pilos dedican varias horas al día al estudio en bibliotecas o sus casas.

En Manizales, Caldas

La capital universitaria de Colombia es una de las ciudades que mayor número de pilos alberga, según cálculos de su Secretaría de Educación. Cuenta con cuatro universidades con acreditación de Alta Calidad: Universidad de Caldas, Universidad Nacional de Colombia, Universidad Autónoma de Manizales y Universidad de Manizales. En estas instituciones de educación superior pueden estudiar los pilos.

Es un entorno en donde se desarrollan historias de vida y formación académica de gran cantidad de beneficiarios del programa Ser Pilo Paga. Por esto es fácil encontrar todo tipo de situaciones, casos y circunstancias derivadas de la pertenencia a este beneficio.

Esperanza Gaviria Ospina es la encargada del programa en la ciudad, desde la Unidad de Calidad de la Secretaría de Educación. Ella explicó que de los colegios de Manizales salieron un 276 pilos en el consolidado de las cuatro convocatorias, de los cuales no se tiene registro de cuántos están en estudiando en el municipio y cuántos están en otros lugares del país.

“Cada año, desde que inició el programa, hacemos una reunión con los estudiantes que resultaron favorecidos porque cumplen con todos los requisitos establecidos por el Gobierno, en conjunto con la Secretaría de Educación de Caldas y el Ministerio de Educación, en donde se les explica a los jóvenes los puntos más relevantes del crédito condonable. Si se pierden de esta, lo más probable es que queden con vacíos sobre el tema y luego no conozcan las consecuencias de no cumplir a cabalidad con el contrato firmado”, indicó Gaviria Ospina.

 

Leer antes de firmar

En las letras pequeñas del contrato que se firma con el Gobierno Nacional y el ICETEX, se especifica que la pérdida de materias o semestres serán financiados mientras se culmina el pregrado, pero al terminar, el estudiante tendrá que hacerse cargo del monto correspondiente a materias y semestres no aprobados inicialmente. El otro punto estipulado en el convenio y que el estudiante debe tener en cuenta para no tener un problema económico de mayor magnitud, es el plazo que se da para hacer cambio de carrera profesional, si es el caso. Como máximo, se debe hacer la modificación al terminar el segundo semestre.

El tema de escoger la carrera apropiada o darse cuenta a tiempo de que no se está estudiando lo que en realidad se quiere, es una de las más grandes pruebas que tienen que pasar los estudiantes que acceden a Ser Pilo Paga.

Jóse Fernando Vélez, coordinador de Ser Pilo Paga en la Universidad de Manizales.

Así lo manifestó José Fernando Vélez, coordinador de Ser Pilo Paga en la Universidad de Manizales. “La falencia más grande que tiene el programa del Gobierno es el tema de la orientación vocacional. Si antes de ingresar a la educación superior el estudiante no sabe cuáles son sus aptitudes y fortalezas, no sabrá con precisión cuál es la línea profesional que puede escoger. Hace falta que a cada joven se le aplique un test que le muestre para qué es bueno”.

Muchos estudiantes han hecho cambios de programa académico porque se dieron cuenta a tiempo de su elección equivocada. No obstante, añadió Vélez, la preocupación es mayor cuando el joven no hace la modificación oportuna, pues si deserta, tendrá que pagar los semestres cursados “o lo que es peor, tendrá que estudiar por cinco o seis años lo que no le gusta”.

Para el Ministerio de Educación y la Secretaría de Educación de Manizales, el test de orientación vocacional no es una prioridad dentro del programa. Gaviria Ospina argumentó: “Al estudiante se le da total libertad de escoger una carrera profesional de su agrado, con la que se sienta a gusto. Ese tema le compete al beneficiario, por eso se da un plazo máximo para hacer cambio de pregrado en caso de que no se haga correcta elección del mismo”.

Para José Vélez, quien además es psicólogo y hace un acompañamiento a los pilos de la Universidad de Manizales, en muchos casos el estudiante no hace un cambio oportuno de programa porque está en un proceso de negación. “Los jóvenes tienen miedo de decir en sus casas que no están contentos estudiando la carrera que escogieron, que en muchos casos les escogen sus familias, y se dan cuenta semestres después de que no van a hacer una culminación correcta del pregrado. El problema llega cuando el pago de los períodos académicos cursados recae sobre los beneficiarios” expresó.

Este programa está planteado para beneficiar a los estudiantes con menores recursos económicos; es decir, criados en el seno de familias que se sustentan con un salario mínimo o menos, por esta razón es difícil pensar que puedan hacerse cargo de una deuda de millones de pesos, a causa de una mala elección de carrera, irresponsabilidad académica y presiones en temas familiares; de adaptación a una ciudad diferente a la de origen; de miedo a perder materias o semestres; de rupturas amorosas, problemas económicos y demás que jueguen en contra de la concentración y correcto desarrollo del pregrado elegido.

*Si desea puede leer sobre las reformas a la educación, en Unidiario hablaron sobre el tema

La voz de los pilos

Juan José Ramírez es estudiante de la Universidad Nacional. Está cursando tercer semestre de Ingeniería Física, tiene 18 años. Es de Medellín, pero quiso estudiar en Manizales por la calidad de la universidad que escogió. Para él no ha sido difícil la adaptación a la ciudad y estar lejos de su familia, pero afirma ser testigo de muchas historias. “Muchos otros pilos que conozco sufren, inclusive, de depresión por no estar viviendo con sus seres queridos, a veces esa situación los lleva a la desconcentración académica y sacan malas notas”, aseguró.

Él es un estudiante con un promedio acumulado de 4.5, pero reconoce que le da mucho miedo perder materias o semestres y por eso hace todo lo posible para sacar buenas notas. “Trabajo mucho, leo, investigo y organizo mi tiempo. Creo que eso debemos hacer todos los estudiantes que estamos metidos en este cuento de Ser Pilo Paga para no darles dolores de cabeza a nuestros papás con deudas después. Hacer parte de este beneficio implica muchas responsabilidades y eso no lo saben los colombianos. La gente cree que solo nos debemos dedicar a recibir recursos del Estado mientras estamos sentados relajados y nada más. No es así”.

Camila Portillo Montenegro, pilo de la Universidad de Manizales, tercer semestre.

La historia de Camila es diferente. Por petición personal no se dará a conocer su nombre completo, la universidad a la que asiste y la carrera que está cursando. Vive en Manizales, pero nació en Boyacá y allí vive toda su familia. Comenzó estudiando derecho en Bogotá, una carrera de diez semestres. Poco tiempo después, entendió que en ese campo de leyes no se sentía realizada completamente y decidió llegar a la capital de Caldas a buscar oportunidades en un pregrado diferente. El dilema se originó cuando se enteró que este era de 12 periodos académicos, dos más que le tocará saldar por sus propios medios.

“En la carrera que ahora estoy estudiando, tuve dificultad para aprobar una materia. No considero que haya sido por irresponsabilidad mía, esa no fue de fácil comprensión para mí. Ahora no solo debo dos semestres de derecho que cursé en una universidad privada y por consiguiente costosa, también debo pagar la repetición de la asignatura, que por cierto, no he podido matricular por el cruce con otras. Mi familia no puede asumir esa deuda, seré yo cuando me gradué quien la pague, tal vez metiéndome en otras más. Como mi historia hay miles en el país, esa es la parte más preocupante”, afirmó Camila.

Las implicaciones que tienen los Pilos al aceptar el beneficio y que a la vez ejercen presión, en muchos casos negativa, han sido irrelevantes para los colombianos, han pasado desapercibidas y no han dado lugar a la reflexión porque, en su gran mayoría, no se detienen a pensar si en realidad en Colombia ser pilo sí paga.

 

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