Antes y después con el escritor Octavio Escobar

UMCentral

A sus 56 años, Octavio Escobar Giraldo no se arrepiente de haber dejado la medicina por la literatura. Sus obras han sido traducidas al italiano, búlgaro, alemán y recientemente al francés.

Su labor como escritor, junto con su prosa ágil, precisa y limpia, sorprende tanto a lectores como a eruditos. Al punto de hacerlo acreedor de ocho premios literarios por sus 15 obras publicadas.

Entre los lugares que con frecuencia visita el escritor se encuentra la sede de Arquitectura de la Universidad Nacional, bien de interés cultural de la Nación. Allí evoca su gusto por esta carrera que estuvo entre sus opciones antes de elegir la medicina. Es un lugar iluminado, dispuesto para recorrer con calma y disfrutar la panorámica de la ciudad.

 

 

A primera vista

Así como su estilo narrativo es sencillo su forma de vestir también lo es. Viste una camiseta rosa holgada de cuello polo, un yin y zapatos deportivos. Al hablar con él se establece una conversación amena, su tono de voz bajo y pausado transmite palabras con facilidad, dando a relucir su solvencia verbal.

La primera editora de Octavio es su esposa. Escobar no tiene hijos, pero está casado hace 25 años y asegura que mantiene una relación grata con ella quien, al igual que él, es apasionada por los libros, las artes y la educación.

 

Su infancia

Nació en 1962 y creció en la Manizales de la década de 1970. Sufrió de hiperactividad bronquial, lo cual se traduce en que sus bronquios eran sensibles y se inflamaban con facilidad, se asfixiaba y eso redujo su capacidad para realizar deportes que exigieran esfuerzo físico.

Se le hacía complicado jugar fútbol, pero aún así lo hacía. Sin hablar de sus horarios de entrada a la casa porque el sereno le hacía más daño. Hoy su realidad es otra, disfruta de la actividad física como no lo pudo hacer antes y juega baloncesto en la posición de alero.

Siente que, en parte, dicha patología lo condicionó a que hiciera actividades privadas y a que tuviera una infancia tranquila. Su familia se encargó de que así fuera.

A los 10 años lo atropelló un bus. Durante su hospitalización su padre le llevó libros clásicos y  allí fue donde dio sus primeros pasos en el mundo literario y comenzó su adicción por la lectura. Era apasionado por elaborar crucigramas.

Fue jugador competitivo de ajedrez en su niñez y desde aquella época se caracterizó por ser introvertido. Le gustaba la televisión y le apasionaban los juegos de armar. Se entretenía con lo que hoy se asemeja a Lego y que en su época era Estralandia. Se  divertía con sus amigos jugando,  “derrota” que consistía en tirarse bolas de barro. Y entre saltar, correr y patinar pasó su infancia recreado con las lúdicas clásicas de aquellos años.

Vivía en el centro de Manizales. En un área donde no había espacios abiertos y el único que existía era una manzana completa donde demolieron una estación de policía y actualmente funciona el CTI de la Fiscalía, entre las carreras 21 y 20 con calles 24 y 25. Para ese entonces, comenzó a ir a cine, otra de sus pasiones, porque en la esquina de su casa tenía el Teatro Colombia.

Su núcleo familiar estaba compuesto por cuatro personas: sus padres, su hermana (quien es menor) y él. Su familia era estrato medio. Su papá, oriundo de Salamina, era visitador de la Contraloría General de la Nación y su mamá, procedente de Filadelfia, inició estudios de Contaduría, pero los dejó por la labor del hogar. En su casa no eran lectores, pero respetaron su vocación de serlo.

 

 

Inicios en la escritura

Sus primeros escritos fueron publicados en el periódico estudiantil Antorcha Juvenil, perteneciente al colegio Liceo Arquidiocesano de Nuestra Señora, institución de la cual se graduó. Siempre dice que comenzó a escribir cuando estudiaba medicina. Lo veía como un pasatiempo, como algo que no iba a trascender.

 

En 1994 recibió el Premio Comfamiliar del Atlántico de Literatura Infantil y Juvenil por su libro de cuentos El color del agua. Para ese entonces su padre vio la escritura como un motivo de preocupación, porque pensaba que su hijo iba a dejar la medicina por “escribir en hojas sueltas”, como, según Octavio, su padre decía.

Sin embargo, con el paso de los años logró darse cuenta de que Escobar podría vivir mejor de la literatura que de la misma medicina. A pesar de ello, solía decir con una sonrisa de orgullo que su hijo “se había dedicado a la farándula”.

 

Octavio se graduó como médico cirujano en 1987. El tránsito de la medicina a la literatura coincidió con la llegada de la Ley 100, la cual bajó las posibilidades monetarias del gremio, y considera que su transición no fue abrupta porque las dos profesiones convivieron juntas durante 10 años. Asegura que su decisión de dejar la medicina tuvo que ver con asuntos prácticos porque en determinado punto le salía y le sale más rentable ser profesor universitario y escritor que ser médico.

Y es que para alcanzar el mismo nivel de ingresos hubiera tenido que hacer una especialización, la cual estuvo  a punto de cursar en Porto Alegre (Brasil), pero faltando un mes para irse a estudiar Medicina Deportiva se desató la crisis financiera en el gigante suramericano, y el gobierno brasileño tuvo que estabilizar la moneda del país con el dólar. Por tal razón los dólares que tenía Escobar perdieron valor monetario y por recomendación de un amigo decidió aplazar su partida.

 

 

Su imaginación, su vida privada y su profesión

Los personajes de sus libros tienen características de sus padres, amigos y allegados, pero ninguno los crea igual. No suele hacer réplicas, así como no es habitual que utilice lo que escribe para ensalzar o para desquitarse de alguien. Ha mencionado en contados casos a personajes con sus propias características, ejemplo de ello, Orlando Sierra, representado tal cual fue en la realidad, “precisamente por su labor”, especifica.

A la hora de crear sus personajes construye sus propios “Frankenstein” tomando trozos de cada ser para formar un personaje único con una personalidad particular, pero compuesta por características de muchos.

Es quisquilloso al hablar de su vida personal al punto de comentar: “Sería ideal que como escritor no tuviera que dar entrevistas ni hablar de mis libros, sino que los libros hablaran por sí solos”. Piensa que la vida de los escritores no es nada excitante porque la escritura es una actividad solitaria que exige concentración, esmero y disciplina, por ello los periodistas no deberían averiguar sobre ella.

 

Empezó a escribir porque quería contar una historia, una nueva versión de lo que veía y  leía, una mejorada que abarcaba su mente y se instauraba allí hasta que la escribía. Admite que antes de ser escritor idealizaba el hecho de serlo.

 

Relata que el asunto de la fama en los escritores no se presenta sino en dos o tres casos excepcionales en Colombia como lo fue Gabriel García Márquez. Disfruta de su anonimato. Ser exaltado en la calle por sus obras lo halaga, pero también lo hostiga. “Los escritores somos conocidos en un ámbito muy cerrado. Por lo general, en dichos espacios las personas son respetuosas y controladas a nivel emocional. Nuestra vida no tiene nada de rockstar, de actores o cantantes”.

 

Entre Líneas Octavio Escobar 19 Noviembre 2017 Parte 1

Su recuerdo memorable con un lector fue cuando recibió una llamada de un alemán que estaba haciendo una traducción a su idioma de una antología de cuentos colombianos. “Declaró que traducir mi cuento había sido un placer. Un trabajo muy bellamente escrito. Habló de que había leído muchos escritores latinoamericanos y que era de los que más le gustaba. Eso fue muy emocionante, pero también lo tomé como una crítica porque era un lector recorrido y con una trayectoria amplia”.

Considera que es una maravilla que sus libros hayan sido traducidos a diferentes idiomas porque abre la posibilidad a nuevos lectores, con medios culturales diferentes, para que conozcan algo de la historia de Colombia, de este rincón del mundo y de su estilo narrativo.

Precisamente su obra más leída en el continente europeo ha sido Después y antes de Dios, la misma que le otorgó el Premio Internacional de Novela Corta Ciudad de Barbastro en España en el 2014 y el Premio Nacional de Novela del Ministerio de Cultura en el 2016.

 

En dicha obra describe la idiosincrasia manizaleña basado en el eje central del moralismo social. Plantea un modelo de sociedad patriarcal, cerrada en el catolicismo de ultranza que se puede ubicar en cualquier parte del mundo. El éxito de la obra no solamente ha sido por su tema, sino también por su tratamiento, por cómo se cuenta, por el suspenso que predomina de principio a fin y por la forma en que se aborda lo narrado.

 

Su método de trabajo

Nunca se sienta a escribir si no tiene una idea planteada. Suele trabajar en periodos de máximo tres horas,  imprime y después inicia el proceso de corrección y edición. Prefiere hacerlo en lugares abiertos y tranquilos como Juan Valdez, ubicado en el Parque Antonio Nariño, un lugar que frecuenta no solo por el ambiente sino por los productos que venden.  Es amante del café y sus derivados. Cuando escribe intenta ser claro, directo y sencillo.

No es sarcástico, no le parece justo enredar al lector de manera innecesaria. Cree que en determinado punto de la literatura también hay que jubilarse. De hecho, ya tiene planteado que su último libro retomará la idea del primero. Y que su colección de libros se llamará como su primera obra: El color del agua. Sería el fin del ciclo o como dice él, “retornar al mismo al punto”.

Su propuesta de partida para un libro casi siempre es una imagen, un diálogo o una conversación. A partir de ello comienza a buscar la historia, el porqué, sus personajes y sus dramas. Su trabajo tanto de escritor como de profesor de literatura de la Universidad de Caldas le obliga a aprovechar su tiempo para escribir, revisar y editar sus textos, así  que es muy reducido su tiempo de ocio.

Cree fielmente que todo escritor tiene que leer. “Es una contradicción enorme el hecho de no hacerlo”, añade. Es un reconocido crítico de cine en el ámbito nacional. Su pasión por el séptimo arte inicia desde la infancia y aún se mantiene. A pesar de que cada vez es menor el número de películas que ve porque son muy pocas las que le llaman la atención.

Su cuento Cinta Negra, que conforma junto con otros ocho su primer libro, es la historia de introducción a su publicación de 1995 llamada Saide. Dicha obra parte de su experiencia en La Dorada (Caldas) al hacer el año rural, obligatorio para los estudiantes de medicina. Periodo que, en su momento, fue ingrato para él, porque el Magdalena Medio es diferente a la ciudad donde estaba acostumbrado a vivir, ya que solía debatir con sus amigos sobre temas culturales, participar en el cine-club y asistir al Festival de Teatro. En La Dorada todo era diferente, no solamente por la indiferencia de sus habitantes frente a temas socioculturales sino también por el periodo de violencia que se vivió en aquellos años.

Los orígenes de sus libros son variados, y el de Saide es curioso. Emerge de su experiencia cuando iba a Ladrilleros, Valle del Cauca, junto con su esposa. En la vía a Buenaventura se presentaron derrumbes en ambos costados, por tal razón el bus estuvo atrapado durante horas en medio de  deslizamientos. En esas horas inició la construcción de la trama y la creación de los personajes apoyado por su cónyuge y tan solo 20 días se gastó en redactar la historia que ya había estructurado previamente.

Afirma que ninguna de sus obras ha sido escrita de manera inmediata, y que gasta cierto tiempo en organizar la idea que se le ocurren para un libro. Prefiere usar la tecnología porque la modernización también hace parte de su proceso como escritor. En determinados casos toma apuntes de manera tradicional, en una hoja en blanco y usando el bolígrafo como el pincel con el cual plasma sus ideas.

 

Entre Líneas Octavio Escobar 19 Noviembre 2017 Parte 2

 

El Octavio de ahora

La rutina diaria de Octavio inicia entre las 6:30 a.m. y las 7:00 a.m., hora en la que se levanta y prepara su desayuno. No es el mejor para cocinar, pero se defiende. Hace ejercicio dentro de su casa. Normalmente salta la cuerda, estira y corre de un punto a otro. Escucha música, habitualmente clásica, rock, jazz o blues, y organiza las actividades que tiene que hacer en el día.

Actualmente trabaja en una obra que se basa en ejecuciones. Le parece un asunto interesante de abordar porque considera que hay libros que logran despertar diferentes tipos de sensaciones y ese es su objetivo con este. “Un libro que, por ejemplo, despierte angustia en el lector con la lectura del mismo se convertirá en pasión, ya que procede  de la ficción y no de la realidad”, asevera.

Dice que es extraño y aberrante que no se escriba sobre la realidad colombiana, ya que tenemos una sociedad tan desmesurada y con tantos extremos que existe una variedad de temas que abordar. Analiza dar otra perspectiva del arresto o la ejecución de inocentes por parte de militares y manifiesta que a ello le insertará la dimensión poética del lenguaje. “Busco dar una forma distinta de entender la realidad que tenemos como nación”, concluye.

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