La voz de Eudoro

Año Eudoro Galarza Ossa Página

“Soy de Caramanta, Antioquia; nací el 4 de abril de 1895 en un punto de amalgación llamado La Línea; Eladio Galarza y Delfina Ossa se llamaban mis padres, él fue mi primer maestro de primeras letras y si tengo grandes las orejas, fue de tanto que me las haló por lo bruto que yo le parecía. En 1905 mi familia se vino a Manizales…”, narró el mismo Galarza en su autobiografía escrita en 1935 y que reprodujo La Patria dos después de su asesinato.

Luego de prestar el servicio militar, Galarza fue oficial de la alcaldía de Juan de J. Jaramillo en Belén de Umbría (Risaralda); fue portero de la Escuela Normal de Varones de Manizales mientras alternaba con sus estudios. Antes de terminar sus estudios, fue escribiente en el juzgado 2° del Circuito; allí ascendió a secretario de oficina.

Entre 1918 y 1922 fue redactor y luego director del diario Renacimiento; después pasó a la dirección del periódico El Diario, de Pedro Luis Rivas. En 1923 Galarza pasó de tener un perfil subterráneo a la explosión social absoluta, pues vivió por primera vez la furia de un grupo de terceros directamente implicados en una editorial suya en el que se refirió a la poca preocupación que sentían los obreros liberales por estudiar e ilustrarse, y cuyo único objetivo era “vestirse muy bien, lustrarse los botines y usar flamantes corbatas”. Esto provocó que la estampida obrera alzara una lluvia de piedras contra la sede de El Diario.

Fernando Ramírez, editor de noticias de La Patria, en su ensayo La Prensa Manizales: Historia de Censuras, narra este hecho. Dice Ramírez que los trabajadores del periódico tuvieron que abandonar las instalaciones subiéndose por los techos de casas vecinas. Pero, Galarza no corrió con la misma suerte: Ante la toma de los obreros de la edificación, se amotinó en la oficina de dirección después de que su compañero Vicente Rivas le entregara un revólver. Cuando la multitud abrió la puerta de la oficina, con un obrero a la cabeza empuñando un cuchillo, Galarza amenazó con disparar. Todos huyeron ante la amenaza. Pero el arma no tenía munición.

En la década de los años veinte se erigieron tres grandes incendios en Manizales (1922, 1925 y 1926), pero el segundo fue el arma letal de El Diario, que no resistió las llamas. A causa de ello Galarza viajó a Bogotá, allí lo esperaba una invitación de Eduardo Santos, director y propietario del diario El Tiempo, para trabaja en su redacción. Fueron tres meses de aprendizaje: Tuvo contacto directo con la prensa liberal y pudo moderar desde el ámbito informativo el fanatismo del conservatismo en Caldas. Regresó a Manizales para estar con su familia, en 1919 se había casado con Magdalena Jiménez y tenía tres niños: Nora, Lucía y Elí.

Pero también regresó para montar su propio periódico, junto con Juan Pablo Araque y el impresor Arturo Zapata Tirado. En enero de 1926 circula La Voz de Caldas, y tuvo una gran acogida. A pesar de su orientación partidista, Galarza y Zapata (Araque se retira de la empresa) acogieron temas de interés general y promovieron la actividad de corresponsales.

La Voz Caldas llevaba circulando dos meses cuando ocurrió el tercer incendió, pero en éste Galarza no se vio afectado, al contrario, puso caballos de fuerza de más en el periódico: La edición 54, del domingo 21 de marzo de 1926, cubrió de forma espectacular el siniestro, con cinco columnas ornamentadas con dos fotografías que enmarcaban al edificio Centro Social, donde comenzó el incendio, y otra de una Catedral inexistente consumida por el ardor del calor.

Posteriormente, Galarza fue socio fundador del Centro Rubén Darío en Manizales y se sumó como miembro del Centro de Historia de Caldas. Luego, fue concejal por el Partido Conservador, y más tarde sería suplente para la Cámara de Representantes y la Contraloría del Departamento. Así sumó menesteres independentistas a su repertorio periodístico, e hizo brillar su profesionalismo al hacer denuncias sobre miembros de su propio partido, que tuvieron un costo enemistoso. A ello se le sumaron múltiples delaciones e investigaciones.

Galarza tenía a sus espaldas una carrera rigurosamente cuidada con un periodismo letal y verídico; un diario reconocido con varios sponsors como anunciantes, que se distribuía en Manizales y varios municipios de Caldas; además escribía artículos para La Patria. Pero… fue asesinado. La Voz de Caldas dejó de circular el 2 de mayo de 1939. Su archivo reposa en el Banco de La República.

 

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