La mirada de Andrés de los Ríos

Ciudad Página

Por: Geraldine Marín Díaz

Lo más llamativo era su mirada. Pocos podían mirarlo fijamente a los ojos, eran penetrantes, misteriosos como la claridad. Tenía una mirada taurina, en ella expresaba los deseos de estar siempre en el ruedo.

Esos ojos pertenecían a Andrés de los Ríos Cardona, y su mirada se apagó el 9 de enero pasado en su casa de La Francia, cuando decidió acabar con su vida, en el marco de la fiesta taurina de la Feria de Manizales.

Tenía 35 años de edad. Era delgado, de nariz grande, cabello oscuro y ondulado. Era de pocas palabras y tenía una manera particular de hablar: cuando platicaba torcía la boca, hablaba entre los dientes y no vocalizaba. Solía decir: “Hablar con la boca cerrada es más chimba”.

Sus padres Gladis y Alfonso estaban separados, él era el consentido entre sus otros dos hermanos: Santiago, el mayor; y Felipe, el menor y quien era su mozo de espadas.

Vivía en dos casas, una en La Francia con su tía Noemí y dos grandes amigos, sus perros Danú y Chenel; y la otra en Palermo con su madre.

“Se la pasaba de aquí pa allá”, dice Julián Mateo Jaramillo Guevara, novillero profesional y quien recuerda que tenía pocas amistades: “Él era un amigo fiel, sincero, leal, un amigo que no se encuentra a la vuelta de la esquina”.

Añade que era transparente, pero también muy cerrado cuando no le gustaba algo o alguien. No era de tintas medias.

Estudió en el colegio San Luis Gonzaga, allí fue arquero del equipo de fútbol. Quiso estudiar biología, solo aguantó dos semestres. Creía en Dios, pero poco lo demostraba. En ocasiones se le veía entrando a una iglesia. Antes de salir al ruedo oraba en la capilla de la Plaza de Toros.

Le gustaba rumbear, siempre y cuando no tuviera que entrenar para una corrida. También disfrutaba trotar y jugar fútbol, era hincha del Once Caldas, tenía su camiseta. Una vez fue a jugar fútbol al estadio Palogrande, parecía un niño pequeño con el balón, así es recordado.

“El Matador”, como lo llamaban de vez en cuando, era muy solitario, solo tuvo un par de amores, no quería aferrarse a una mujer y menos a un hijo.

Una novia fue su amor platónico, pero después de ella no volvió a ennoviarse, solo tenía algunas amigas pasajeras. Él decía: “Las mujeres son una distracción, pero es lo más hermoso después del toro”.

Mundo taurino

Tenía el porte y la elegancia clásica del torero. Leía mucho sobre toros y veía en la televisión corridas antiguas. Era ídolo del fallecido torero Antonio Chenel Albadalejo, conocido como Antoñete.

A los 16 años se matriculó en la Escuela de Tauromaquia de Cali, la mejor del país. Allí se hizo amigo de Ricardo Rivera, otro joven taurino; por ser los mejores sigueron sus estudios en España, él en la Escuela de Tauromaquia de Madrid.

El 20 de junio de 2004 toreó como novillero en la plaza Las Ventas de la capital española. Fue el primer manizaleño en actuar allí, la catedral del toreo. Por este hecho el maestro Guillermo González Arenas compuso el pasodoble Andrés de los Ríos

El 5 de enero de 2006 en la Plaza de Toros de Manizales, Andrés recibió la alternativa de matador de toros. Su padrino fue César Rincón y el testigo fue el español Manuel Jesús Cid Salas (El Cid). Lidió dos toros de la ganadería Ernesto Gutiérrez. Salió por la puerta grande con cuatro orejas. Volvió a triunfar al año siguiente.

Camilo Vallejo Giraldo, conocido de Andrés, señala que “el mundo de los toros es muy difícil, es un mundo que, por ser exigente, se termina siendo injusto”. Y parece ser cierto. La vida taurina de Andrés empezó a complicarse.

Cuenta Rodrigo Urrego Bautista en su texto El suicidio de Andrés de los Ríos, el torero que cruzó los límites del valor , que a Andrés no le gustaba atender a los periodistas antes de salir al ruedo porque quería estar solo, sumido en sus pensamientos, en lo que haría en la arena, en su danza con la muerte. Y si le iba mal en la corrida tampoco daba declaraciones porque se refugiaba en su tristeza.

Los periodistas no entendieron ni respetaron su proceder. Lo tildaron de engreído; hasta inventaron chismes sobre su vida privada. Él no se dejaba afectar, respondía con su frase: “Me vale mierda”.

Daniel Esteban Jaramillo Ramírez, su entrenador físico, sostiene: “Quizás las personas que nunca llegaron a tener contacto con él por ser serio lo tildaban de arrogante, pero quienes lo conocimos sabíamos de qué estaba hecho”.

Tal vez por su carácter las empresas taurinas dejaron de contratarlo, y él tampoco las buscaba. Pero con su amigo Ricardo montaron sus propias corridas. Compraban toros para torearlos a puerta cerrada, en la plaza de Popayán. Y aunque no tuviera que torear, Andrés madrugaba diariamente para entrenar, trotaba con sus perros por el parque Los Alcázares.

El 15 de octubre del 2017 buscó un cupo para torear la Feria de Manizales del 2018, no clasificó. El 12 de noviembre del mismo año toreó en la preferia de Cali, en la plaza de Cañaveralejo. Fue su última corrida.

Decidió que regresaría el 20 de enero a España para fortalecer su pasión. El pasado lunes 8 de enero fue a la corrida de toros de la Feria. De allí salió con sus amigos a la Plaza de Bolívar para tomar ron y escuchar canciones de plancha y despecho del cantante Rudy Márquez. Luego regresó a su casa en La Francia.

Sus exequias se cumplieron en Jardines de la Esperanza. A ella asistieron alumnos suyos de la Tauroescuela de Manizales, a quienes dejó un legado de perseverancia para lograr sus sueños. La muerte de Andrés se produjo casi a los 12 años exactos de haber obtenido su alternativa en el 2006, una ausencia que recordaremos en cada Feria.

Julián Mateo dice que la última vez que vio a Andrés estaba alegre, lo acompañaba una amiga. De ese día solo recuerda su sonrisa.

2 thoughts on “La mirada de Andrés de los Ríos

  1. Muchas gracias por esta columna, apenas la leo y tiene lineas muy ciertas, los invito a no olvidar Andrés y seguir en lo posible contando sus historias y logros, que la mayoría de personas nunca conocieron pero si hablaban y manchaban su nombre al hacer comentarios sin fundamentos.

    Saludos.

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