Eudoro Galarza: silenciado hace 80 años

Año Eudoro Galarza Ossa

El martes 12 de octubre de 1938 el periodista Eudoro Galarza Ossa, de 43 años, ingresó en su oficina de director del diario La Voz de Caldas, y observó que el teniente Jesús María Cortés Poveda tenía una pistola negra en su mano, y apuntaba hacia Gonzalo Jaramillo Jaramillo, jefe de redacción y responsable de la nota que había elevado los nervios del militar.

La información, publicada en La Voz de Caldas dos días antes, en la edición 3.441, denunciaba el maltrato que recibían los soldados del regimiento Ayacucho, ubicado en Manizales, y recitaba puntualmente entre sus líneas: “Caso concreto fue el sucedido la semana pasada cuando el oficial señor Jesús María Cortés dio una bofetada al soldado señor Roberto Restrepo y luego lanzándolo del primer piso del cuartel al patio. El soldado sufrió golpes de consideración. Como no son propiamente estos los tratos de rigor militar que se establecen para la disciplina, ponemos en conocimiento del Gobierno Departamental lo que está sucediendo en el Batallón Ayacucho, para que se proceda a una investigación”.

Esta nota era flecha y arco en la discusión, pues Cortés retaba a Jaramillo a enfrentarse en un duelo hasta que el periodista Galarza logró inmiscuirse en la cálida reunión. Con amabilidad, el director invitó al teniente a hablar sobre el caso. De todas formas, Cortés guardó el revólver en el bolsillo izquierdo, pero sin darle vía libre en su pantalón, con sus manos aún apretando cerca del gatillo.

Eudoro tomó el periódico para leer la polémica nota. La leyó en voz alta para que Cortés siguiera su línea, y, a continuación, le preguntó al militar si lo que decía allí era verdad. Recibió una positiva en su receptor, pero éste dejó en claro que de todas formas buscaba otra cosa: Una rectificación. Además de obligada, exigía que Galarza debía hacer lo mismo. El director se negó e invitó a Cortés a que utilizara la máquina de escribir, el papel y lo hiciera con todo a disposición. Hasta se ofreció a recibirle una carta sobre el particular para él compartirla al público. Galarza se dispuso a apartarse de la escena, pero antes le tendió la mano a Cortés para despedirse, pero, así como el oráculo galarcesco de su rutina y quehacer periodístico no lo predijo, así mismo sucedió: Jesús María Cortés, el de las bofetadas a sus subalternos, nuevamente sacó su revólver y, decidido, disparó en tres ocasiones: el primero no tocó al director; el segundo impactó en su garganta; el tercero lo remató en su clavícula izquierda.

Galarza cayó sobre las teclas que ya habían construido mil textos periodísticos y derramó sangre sobre la misma mesa donde construyó su periodismo. Fue atendido de urgencia en la Clínica Restrepo (cercana al periódico, que funcionaba donde hoy está el edificio del Banco Agrario, carrera 23 con calles 21 y 22), pero los esfuerzos no dieron frutos: Eudoro Galarza murió debido al carácter moral de las balas que decidió disparar el militar Cortés.

Ahora el teniente, estaba iniciando la cuenta regresiva de un sinfín de bofetadas al periodismo: Fue el victimario del primer periodista asesinado en Colombia.

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