La mujer en la tras-escena de los conflictos en Colombia

UMCentral

Las mujeres de Colombia, tanto en el conflicto como combatiéndolo, y siendo víctimas de este, han tenido tradicionalmente un papel secundario en la sociedad, perdiendo la posibilidad de alcanzar otros ideales que no concuerden con los que se les imponen culturalmente. Sin embargo, a medida que avanza el tiempo, comienzan a ocupar un papel primario permitiendo que puedan acceder a más oportunidades y realizar los mismos oficios que los hombres.

El papel de la mujer ha sido fundamental, luchando incluso hombro a hombro junto a los héroes de la independencia. Fueron ellas las primeras en gestar la idea de independencia, reuniéndose con sus esposos en las tertulias libertarias, que los hombres al final iban a materializar en la batalla. Esas mismas mujeres, años después, siguen en pie de lucha por los ideales de una Nación. Por ejemplo, Policarpa Salavarrieta sirvió a la causa como motor del movimiento clandestino que informaba a quienes eran reprimidos por la corona española. Por esto fue considerada la ‘Heroína de la Independencia’ y fusilada, convirtiéndose en mártir de la causa libertadora. Así, han existido otras mujeres que han liderado transformaciones desde diferentes lugares, pero lastimosamente en muchas ocasiones no se les ha dado el lugar que merecen.

Las mujeres y la violencia armada

Datos de personas en condición de desplazamiento en Caldas. Fuente: RUV.

El género femenino es el más impactado por el desplazamiento interno, debido a que en la mayoría de ocasiones ellas no tienen ningún tipo de estudio ni preparación, lo que dificulta aún más su transición del campo a la ciudad. También cabe resaltar que no llevan consigo documentos de identidad, ni títulos que acrediten su propiedad sobre la tierra. No cuentan con las habilidades necesarias para ganarse la vida en una ciudad desconocida y hostil. Las mujeres víctimas de la guerra sufren los efectos de manera diferente a los hombres, ya que, a la hora de conseguir el

 

 

sustento en una ciudad, deben acudir a trabajos domésticos que muchas veces no les generan las suficientes ganancias para el sostenimiento de sus familias.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Colombia ocupa uno de los primeros puestos en el mundo en desplazamiento forzado. De acuerdo al Registro Único de Víctimas (RUV), aproximadamente 8,1 millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares debido al conflicto armado del país. De la anterior cifra, 4.021.278 son mujeres, quienes se ven afectadas en el aspecto laboral y psicológico. En Caldas, hay 56.471 mujeres en condición de desplazamiento y en Manizales, específicamente, 14.927, ciudad en la que, la mayoría, se encuentra entre los 29 y 60 años de edad.

Ana Clara, junto con su esposo, fueron desplazados de una vereda de Salamina en el año 2002. En este territorio hubo presencia de autodefensas, paramilitares y guerrillas. Ana Clara explicó que “antes de esta fecha estallaron una bomba entre Salamina y Pácora, y volaron un puente. Desde ahí perdí mi audición y ya luego comenzaron a correr la gente y a decirles ‘se van o ya saben lo que les pasa’ y uno pues con esa detonación que ya había pasado, cualquiera sale volado”. Ellos llegaron “con los ojos vendados” ya que les tocó dejar todo porque les dieron una hora para que pudieran sacar todo lo que tenían.

Obras artísticas realizadas por mujeres y niños víctimas del conflicto durante una actividad dela UC. Foto: María Alejandra C.

“Llegamos de posada donde un señor en El Arenillo, quien nos prestó una pieza mientras empezamos a tratar de surgir, pero lo que más anhelábamos era tener una finca para irnos a trabajar, porque los dos sabíamos de café, caña, ganado y nadie nos daba trabajo porque éramos desplazados que ‘no’ que ‘ni riesgos’”. Durante esos años comenzaron a crearse los programas de Pastoral Social, Red Unidos, y talleres con el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), de los que participó Ana Clara. Con estas iniciativas, aprendió mucho sobre cocina saludable con ingredientes naturales

Estos conocimientos le permitieron entrar a unos talleres con estudiantes de la Universidad de Caldas (UC) que se llama “Rescatando los saberes de la abuela” que según afirmó ella “me ha contribuido mucho porque yo ya tengo mucha edad, nadie me da trabajo y no tengo estudio, entonces lo que me ha solventado son mis saberes en la cocina y mediante este programa he podido ser independiente ya que puedo trabajar y no tener que estar pidiéndole al marido”.

 

Durante las distintas masacres, estas mujeres víctimas de la violencia han tenido que salir a defender a sus familias arriesgando sus vidas. Ricardo Castaño, historiador de la Universidad de Caldas y Manizales considera que “la mujer en Colombia siempre ha sido discriminada, pero nosotros tenemos que reconocer que desde la independencia la mujer ha jugado un papel fundamental en este proceso de reconciliación y reconocer su valentía y coraje para afrontar esta situación”.

Las garantías que les da el Estado a estas personas son en ocasiones precarias ya que no todas las personas en condición de desplazamiento pueden acceder al sistema ni a los beneficios que los diferentes programas les proveen. Además, el panorama es aún más difícil para quienes deben dedicarse al rebusque, pues al no saber ningún oficio en particular ni contar con las ayudas de los programas, se ven obligadas a salir a vender cualquier producto para sobrevivir. Por otro lado, las viviendas que el Gobierno les brinda son en lugares de nivel socioeconómico bajo, lo que las expone a un riesgo mayor, al estar en el contexto de las bandas criminales (Bacrim).

El acoso sexual es uno de los delitos más comunes en el país.
Infografía: Telesur tv

Un artículo de la revista Asomecos Afro enfatiza en que la falta de protección del Estado colombiano a las mujeres desplazadas llevó a la Corte Constitucional a emitir una sentencia al respecto (T-025 de 2004) y posteriormente el Auto nº 092/08, que sugiere la creación de trece programas para contrarrestar las dificultades legales en el asunto. Esto se da con la finalidad de mejorar la situación de la mujer en condición de desplazamiento para que esta tenga los mismos derechos y garantías que un hombre en esta condición, ya que allí es donde se hace visible la desigualdad.

La anterior legislación afirmaba que tenía como propósito eliminar los riesgos de género causados por el conflicto armado, como el despojo de sus tierras, su patrimonio y previniendo la violencia sexual, intrafamiliar y comunitaria contra la mujer desplazada para que se pueda facilitar el acceso a la educación y a oportunidades.

Mujeres en organizaciones que combaten

Las Fuerzas Militares de Colombia han tenido la difícil tarea de proteger y defender la soberanía desde 1819, año en el que se crearon diferentes subdivisiones y, específicamente, el Ejército Nacional de Colombia. Inicialmente, solo podían ingresar hombres, pero a finales del siglo XX se creó la necesidad de incorporar mujeres a sus filas, como elemento activo de la institución militar.

Por este motivo, según el Gobierno Nacional mediante el Decreto 2129 del 7 de octubre de 1976, se permitió el ingreso al escalafón militar en la categoría de oficial del cuerpo administrativo de las primeras doce mujeres profesionales en medicina, odontología, bacteriología, arquitectura, derecho, contaduría, administración de empresas y ciencias de la educación.

De la misma manera, se incorporaron mujeres a las diferentes vacantes que se iban abriendo en el ejército. El 1 de julio de 1983 se incorporan 84 mujeres a la Escuela de Sub-oficiales. El 14 de enero de 2009 ingresaron a la Escuela Militar 62 cadetes. Casi dos años después, el 7 de diciembre de 2011, 48 obtuvieron el título de profesionales en Ciencias Militares. Por esta razón, en los años 2013 y 2014, dos mujeres —María Paulina Leguizamón y Clara Esperanza Galvis Díaz—fueron ascendidas al rango de Brigadier General, marcando un nuevo avance para esta institución.

Con estos ejemplos se va rompiendo el paradigma de la incapacidad de ellas para el mando y el liderazgo de las tropas. La sargento viceprimero Yamile Aguirre afirmó que “el orgullo pertenecer a mi ejército, de poder aportar un granito de arena en la parte humana y logística es algo que lo llena a uno de mucha satisfacción”.

Ahora, han podido asemejar de una manera más equitativa las labores que se cumplen en estas instituciones, entendiendo lo que significa el sacrificio. Muchas veces son madres y, más allá de ello, demuestran encarnan el comportamiento ético en la institución castrense.

No obstante, en la una artículo de la cadena de televisión Telesur la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció en 2017 que instaba a este país a incorporar más personal femenino dentro de las fuerzas militares. Esto surgió cuando se conoció que la nación suramericana solo cuenta con 3 por ciento de uniformadas dentro de las filas de la organización militar.

Allí la ONU añadió, en diciembre de 2016, solo 3.758 mujeres pertenecían a las fuerzas militares de Colombia y 12.000 a la policía. Lo que significa que de los 500.000 funcionarios de la Fuerza Pública solo 15.000 eran mujeres.

Mujeres en organizaciones que brindan seguridad

Primer grupo de mujeres en la policía, para realizar labores domésticas.

La Policía Nacional de Colombia, en el gobierno del militar Gustavo Rojas Pinilla,  toma la decisión por primera vez en la historia de Colombia, de incorporar la presencia femenina en sus filas, tal y como lo menciona un documento de recopilación histórica de la mujer en la policía. Según este documento “la hija del presidente Rojas Pinilla, María Eugenia Rojas Correa, fue la primera mujer en ingresar a la policía, donde se le otorgó el grado de teniente segundo honoraria”. El primer curso contó con 46 mujeres.

Para ellas pertenecer a esta institución tenían que cumplir con un reglamento exclusivo muy estricto que contaba con diferentes prohibiciones en distintos lugares y situaciones. Sin embargo, lo que se consideró que sería un avance institucional en el momento, no perduró, ya que por problemas este servicio se disolvió. La situación para este momento era difícil para las mujeres ya que la sociedad era en general muy machista.

Como se observa en el cuadro de autoridades, todas son hombres y ninguna mujer ha sido nombrada hasta ahora en ninguno de estos cargos. Foto por: María Alejandra C.

Pero en 1977, la Escuela de Cadetes de Policía “General Santander” recibió en un curso de oficiales a 12 mujeres. Desde este momento la institución reconoció el rol de la mujer con capacidades físicas para realizar los trabajos asignados exclusivamente para los hombres. La primera mujer en alcanzar el rango de General en la Policía fue Luz Marina Bustos Castañeda en 2009. Según la patrullera Lorena Arango Naranjo  de la Policía Metropolitana de Manizales, “nosotras podemos desempeñarnos en todos los cargos, en todas las áreas y podemos hacer parte de las especializaciones, exponiéndonos a lo mismo que los hombres: es la igualdad completamente.”

Mujeres en el conflicto armado

Las mujeres colombianas, según afirma un artículo de Telesur sobre ellas en el conflicto, las mujeres “han sido llevadas a asumir nuevos roles, no solo como víctimas de la guerra en este país, sino como participantes activas del conflicto, como miembros de los grupos insurgentes”, donde su finalidad, al hacer parte de estos, es luchar por un ideal que busca un país más justo y con dirigentes que los representen.

Quienes hacían parte de estos grupos al margen de la ley, eran en su gran mayoría mujeres del campo que no habían terminado sus estudios. Su principal rol desde pequeñas era realizar las labores del hogar para que cuando crecieran pudieran conseguir un esposo, tener hijos y criarlos. Hacer parte de estas organizaciones les permitía cambiar esa historia que, probablemente, estaban condenadas a repetir, ya que eran el único referente que tenían de una mujer luchadora y que sale adelante. Esto se dio ya que, según ellas, el gobierno no llegó a subsanar los problemas de seguridad de las regiones más apartadas del país.

Al estar en estos grupos armados, la mujer tenía que cumplir con las mismas responsabilidades que un hombre, tanto domesticas como a la hora del combate armado. Así lo afirmó alias ‘Víctor’, excombatiente de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC): “las mujeres prestaban los mismos turnos que un hombre, las mismas actividades, pero la diferencia era que nosotros como compañeros le ayudábamos”. Por otro lado, en las desaparecidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ellas no tenían la posibilidad, en un principio, de ir al combate. Esa transición fue compleja ya que su rol era el de ser la recolectora y quien estaba pendiente de las cosas en el campamento. Con el paso del tiempo ellas pudieron participar en los combates y acceder a cargos relevantes en las diferentes instituciones, así lo manifestó alias ‘Gloria Ruíz’, ayudante del entonces comandante Raúl Reyes, quien en el año 2008 fue abatido en la operación Fénix por parte del Ejército Colombiano.

Sin embargo, la mayor situación de discriminación de estos grupos insurgentes se evidenciaba a la hora de tener relaciones sexuales o quedar embarazadas con un compañero del frente al que pertenecieran, ya que, si bien en cada campamento les brindaban mensualmente pastillas de planificación, este proceso era desorganizado, lo que terminaba en embarazos no deseados. Esto ponía a la mujer en una situación de impotencia porque inmediatamente se le realizaban legrados (técnica que consiste en el raspado o curetaje de las paredes interiores del útero, con el fin de extraer el endometrio) o abortos inducidos. También existían casos de mujeres que lo escondían con el deseo de escaparse en alguna etapa de su embarazo, pero en muchas ocasiones las descubrían y mataban al niño de las maneras ya mencionadas. Muchos de los casos de embarazo fueron causa de explotación y abuso por parte de los victimarios del conflicto armado en su disputa por controlar el  territorio y  los recursos económicos.

Por esta situación, y atendiendo a otros factores que ha dejado la guerra en las mujeres, desde el año 1982 el gobierno ha intentado negociar con los grupos armados de manera directa. El objetivo era dar una salida y generar una solución para quienes querían crear una vida fuera de los campamentos a través de diferentes programas que han ido evolucionando constantemente hasta consolidarse en el 2006 la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR).
Todo este proceso que realiza la ACR se centra en la reintegración que se contempla en el marco de la Justicia Transicional, que funciona en Colombia desde el 2006. Esta medida temporal se gesta para finalizar una situación de conflicto armado interno y proteger los derechos de las víctimas. Allí cabe aclarar que el desarme y la reinserción son procesos cortos que se dan inmediatamente, cuando el actor quiere dejar el combate.

La ACR ha estado en un constante cambio durante los diferentes periodos presidenciales desde su creación hasta el día de hoy , con un programa más incluyente y participativo. Foto: ACR

En la ACR, sede Eje Cafetero, se evidencia que la población predominante, tanto en el Triángulo del Café como en Caldas, es la masculina:

  • Reintegrados en Caldas (culminados): 
  • Reintegrados en el Eje Cafetero (culminados): 
  • Personas en Proceso de Reintegración (PPR) en Caldas:
  • Personas en Proceso de Reintegración (PPR) en el Eje Cafetero: 

El proceso con esta agencia tiene una duración de seis años y medio y le da a la mujer la posibilidad de prepararse como profesional desde la educación básica hasta una tecnología en el SENA y posteriormente la inclusión en la vida laboral.

Las voces de las desmovilizadas

  • Tanja Nijmeijer, holandesa, alias “Alexandra Nariño” Canciller de las Farc, listado mayor del Bloque Oriental. Llego en el año 2000, es filóloga de profesión y en un video de RT en español afirma “mi lucha en las FARC demuestra que no solo es nacional, sino que también habemos gente de afuera que apoyamos esta lucha, porque la esencia de nosotros es política, somos partido comunista”
  • Elda Nellys Mosquera, alias “KARINA” excombatiente de las Farc, gestora de Paz, quinto frente de la guerrilla en la región del Urabá, inicialmente fue comandante de los frentes 5to y 47 y luego jefe del frente 47 José María Córdoba. El 18 de mayo del 2008 se entregó, en un video de la Presidencia de la República ella manifestó “entré a la guerra buscando una mejor vida para mí y para mi familia, pero en la guerra lo único que esperan los combatientes es la muerte.”
  • Zenaida Rueda Calderón, alias “Miriam”, 2 de enero del 2009 se escapó, era la radio operadora de las FARC y escribió un libro llamado Confesiones de una guerrillera. “Cuando estaba en Saraben, Arauca los elenos (ELN) me iba a reclutar y mi tía me llevo a Santander, sin embargo, allá me reclutan las FARC con 18 años, allá tuve dos hijos que me quitaron, esto para mí fue muy difícil y cuando me di cuenta que no había salida ya fue algo que me toco aceptar y dejar las ganas de buscar a mi familia, la fuga fue con un secuestrado Juan Fernando porque no me llamaba la atención de estar cuidándolos, pero me hubiera gustado salir con los otros dos secuestrados. Ahora tener un techo es muy bueno y además volver a vivir con mi hijo ya que el tiempo que uno vive allá no puede tener acceso a un niño”, así lo comentó en una entrevista para el programa El planeta de los libros Colombia.

Detrás del telón de la historia

Las mujeres a lo largo de la historia comenzaron teniendo un papel secundario en diferentes organizaciones de la sociedad. Estos roles las excluían de la realización de labores a las que los hombres podían acceder fácilmente, ya que existía la creencia de que la mujer estaba destinada al hogar y la crianza.

Sin embargo, el tiempo ha sido un factor muy importante en esta tensión entre géneros ya que ha permitido revindicar la figura y función de la mujer, en un escenario de igualdad de acceso y oportunidades frente al hombre. De igual manera, el Estado ha jugado una parte importante ya que al notar esta dificultad con el género femenino ha tratado de subsanar estos problemas mediante leyes, decretos y artículos que favorezcan la inclusión y respeto por ellas.

Pese a la poca inclusión en la historia y el pensamiento retardatario que persiste en ciertos escenarios, las mujeres se han situado un paso adelante que permite desvincularlas de los roles precarios e inferiores a los que las había condenado la estructura patriarcal de la sociedad.

En el pos-conflicto, que ahora reta también este rol de la mujer, las acciones afirmativas caracterizarán el nuevo rumbo fijado por las luchas históricas que han logrado darle valor al reconocimiento y la autenticidad del saber y el hacer femenino en el país.

 

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