Descongelando La Punta del Iceberg

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Por: Erika María Pinilla Montes

Tres suicidios en cinco meses ponen en alerta a una compañía con absurdos horarios laborales y carga de trabajo extenuante por no preocuparse por sus empleados y su salud mental. Una investigadora acude al lugar y comienza a indagar las razones por las que dicho sitio enfrenta semejante crisis. Así comienza La Punta del Iceberg de la compañía Delirium Teatro (Tenerife, Islas Canarias), obra que se presentó el 5 de octubre en el Festival Internacional de Teatro.

El guión, escrito por Antonio Tabares, fue adaptado a las tablas por Severio García, quien también interpreta a uno de los personajes. Soraya Glez del Rosario, Vicente Ayala, Ulises Hernández, Lioba Herrera y César Yanes dan vida a la indagadora y los empleados de la empresa de paredes –aunque transparentes- ciegas ante la situación de su personal.

Página habló con Severio García, y esto fue lo que descubrió en La Punta del Iceberg.

Página (P): ¿De qué manera se relaciona esta obra con la paz (temática del festival)?

Severio (S): La obra tiene muchas lecturas interesantes desde este ámbito, ya que en ella se plantea un ambiente enfermizo donde el acoso de unas personas a otras, el estrés laboral, una carrera sin sentido hacia una meta indefinida que está por encima del ser humano, y lleva a la desilusión de este hasta perder el sentido de lo que significa la vida. Ante esto hay que saber ser solidario, generoso y saber compartir, cuando eso no se da pasa lo que sucede en la obra, un final trágico. La gente termina perdiendo la necesidad de dialogar con los demás y entendernos. Cuando el capital está por encima del ser humano el final es desastroso.

P: Pocas obras tratan el tema de la explotación laboral, ¿qué importancia tiene tocar este tópico?

S: En Europa la crisis ha sido tremenda. El autor vio en una empresa francesa cómo algunos trabajadores se tiraban por la ventana y eso lo llevó a escribir la historia. El capitalismo está siempre revoloteando sobre todos nosotros, cambian las épocas, los márgenes, pero el capital siempre manda, entonces es importante reflexionar sobre eso y plantarle cara. Desgraciadamente, sobre todo en grandes empresas, al que está arriba le importa un comino lo que le pasa al que limpia, pero hay que estar receptivo, tener en cuenta eso e intentar cambiarlo.

P: ¿Cómo es dirigir y actuar al mismo tiempo, qué retos le supone esto?

S: A mí me encanta dirigir, me lo paso muy bien haciéndolo. A veces por necesidades económicas de la compañía es necesario que yo actúe para reducir los costos, no me queda otra y actúo. Sin embargo, actuar y dirigir es un pequeño sufrimiento. Por ejemplo, en la primera escena no me sentí muy bien porque me siento con la responsabilidad de todo el montaje. Particularmente no me gusta mezclar ambas, es actuar o dirigir. Siento pasión verdadera por dirigir actores, el tiempo se me para, no me importa hacerlo una y otra vez hasta que se haga bien.

P: ¿Cuánto duró el proceso de montaje de La Punta del Iceberg?

S: Todo el proceso de la obra duró 3 meses, pero desde que decides llevar un texto a teatro conlleva muchos aspectos a tener en cuenta para sacarle rentabilidad, entonces es más tiempo. Con todo el trabajo que cuesta montar una obra, presentar solo cuatro funciones no funciona. Normalmente tenemos varios proyectos que van estudiándose para ser realizados después. Esta es la cuarta o quinta vez que montamos un texto de Antonio Tabares, quien también es canario.

P: ¿Cómo es la preparación física y vocal antes de entrar a escena?

S: La preparación física y vocal antes de subir al escenario son fundamentales. En el proceso de montaje nos preparamos en grupo, pero llega un tiempo en el que cada uno tiene sus ejercicios, algunos hacen pilates, otros yoga. La voz la calentamos en conjunto. Pese a esto, en situaciones muy ajetreadas hay que estar preparados porque no te dan tiempo ni de calentar, como pasó hoy.

P: ¿Cómo percibieron al público manizaleño?

S: Manizales es bastante calurosa, estamos sorprendidos por la respuesta jocosa del público, se lo estaban pasando muy bien y se reían mucho con la obra. Allá en España se lo toman mucho más serio. Encontrarnos con esto demuestra que hay una lectura distinta, y para nosotros los actores la risa siempre desafloja y relaja.

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