Sandra Zea, un arte que no es hecho solo para hombres

UMCentral

Por: Vanessa Valencia Ochoa 

A sus 50 años de edad, Sandra Zea siente estar viviendo el mejor momento de su vida. Lo expresa porque ha logrado construir su mundo de la forma que ha querido y de la manera que más la apasiona, a través del teatro y la fotografía.Su faceta como directora de teatro, actriz y fotógrafa de múltiples encuentros escénicos, la han llevado a cuestionarse sobre el papel que cumple la mujer en escenarios que han sido dirigidos desde el comienzo por hombres.

Se encuentra en el Fondo Cultural del Café. Tiene el cabello rizado, la piel tersa viste prendas coloridas que la hacen resaltar por encima de los presentes en el lugar. Ella irradia alegría, espontaneidad, su esencia. Pareciera ser una mujer con muchas historias por contar, se puede afirmar que le fascina exponer sus ideas, sobre lo que ha hecho durante más de 30 años de vida artística, que le gusta ser escuchada. A Zea le importa explotar su talento creativo en las puestas en escena, le interesa los temas que reflejan a la sociedad en declive, le apasiona hablar sobre la reivindicación de la mujer en los diferentes escenarios.

Narra que en su ingreso al mundo del teatro no hubo alguien que la llevara a vincularse “sino que siempre fue un deseo.
Desde pequeña quería ser actriz, construir mundos y contar historias”.

Con una mirada más fija y crítica que la que se debe tener en el momento de tomar una fotografía, responde al interrogante ¿qué repercusión puede tener que una mujer se convierta en directora de teatro, teniendo en cuenta que seguimos siendo una sociedad regida por el machismo y la desigualdad?

Responde: “Tiene una repercusión muy grande porque a nosotras, las mujeres, nos han educado para el servicio, no para el liderazgo, nos han educado con una sensación de que la mujer que habla y se hace escuchar es una mujer molesta, es una bruja, pero en el mal sentido. Entonces esto es un forma de mostrar que nosotras vamos más allá de lo convencional y que somos capaces de romper estereotipos creados por la sociedad”.

Siente que uno de los retos más grandes que puede tener una directora, en un campo que ha sido manejado y manipulado por hombres, es el de creer en sí misma, ya que la cultura ha hecho que la mujer pierda el valor que tiene sobre la sociedad y que se sienta inferior e incapaz de desarrollar diferentes actividades.

Recuerda con desagrado una charla que sostuvo con un grupo de teatro dirigido por un hombre, en aquellos tiempos en los que el sexo masculino pasaba por encima de la mujer como si esta no sintiera ni entendiera: “Yo era muy activa y había un expositor que estaba haciendo un análisis de una obra, entonces empecé a intervenir. El expositor, con una risa muy particular, un poco burlesca, paró la exposición después de una intervención mía, miró al director y le dijo: Es que una mujer que piensa es muy peligrosa”.

Desde aquel momento Zea sintió que era necesario que la mujer se diera su lugar, que la perseverancia, que indica como su sello personal, la llevara a lugares que creía iba a conocer solo en sueños, que se convirtiera en un ejemplo a seguir de varias jóvenes que quieren integrarse a este campo y les da miedo, por temor a que las puertas se cierren
una vez quieran comenzar a crear.

Con orgullo como directora y mujer se refiere sobre el desempeño que han tenido otras directoras en las artes escénicas: “Hay unos talentos maravillosos, hay mujeres con mucho potencial y hay mucho para admirar de su trabajo, pero hay otras a las que se les olvidó pensar en lo femenino porque creen que es algo ridículo y que ya está conseguido”.

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