Manizales narrada desde la literatura

UMCentral

Por: Juan Andrés Pineda

Con una nueva versión de la Feria del Libro a Manizales, llega la impetuosa curiosidad de conocer los vínculos que esta ciudad guarda con la literatura. Más allá de “la fábrica de atardeceres”, denominación que el poeta chileno Pablo Neruda les regaló a los manizaleños que semana a semana buscan la mejor fotografía para reforzar este calificativo, este terruño enclaustrado entre las montañas ha sido mencionado en varias obras, incluso ha sido protagonista en algunas de ellas.

Visitas de ilustres personajes a la Capital mundial del café, como también se le conoce, han sido inmortalizadas en algunas obras. El escritor Fernando Vallejo contó la vida de Porfirio Barba Jacob en su libro El Mensajero. Allí reseñó una de las visitas que este peregrino poeta realizó al municipio ubicado sobre la Cordillera Central de los Andes: “Cuando una tarde del año veintisiete Barba Jacob se presentó en su casa de Manizales acompañado de un muchacho, Juan Bautista en un principio no lo reconoció”.

La ciudad de las puertas abiertas, una frase que sin problema hubiese podido ser usada para referirse a Manizales desde el siglo XIX, una época en la que enfrentamientos y guerras civiles se disputaban en todos los rincones del país. Esta aldea montañosa recibía refugiados, desplazados y aventureros quienes venían buscando tramar nuevos conflictos, o era el resguardo que esas almas en conflicto necesitaban. Así lo señala Alfredo Cardona Tobón en su obra Los caudillos del desastre: ”

Luego llegaron el aguardiente clandestino, los juegos prohibidos y las mujeres públicas que acrecentaron caudales y escandalizaron a la Antioquia pacata y clerical, que veía en el lejano Manizales un sitio ideal para extrañar a vagos e indeseables”.

Arturo Suárez en su novela Rosalba, relata un paseo de Gustavo, por el centro de la capital de Caldas: “Gustavo, el domingo, en Manizales fue a la retreta al Parque de Caldas. Muchas parejas de señoritas y caballeros se paseaban por las callejuelas, bordeadas de ababoles, trinitarias y claveles”.

Luego, narra la caminata de Gustavo junto a su amigo Eduardo Montero por la Avenida Cervantes, hoy conocida como Avenida Santander. Allí, señala el acto de un ciclista que toca repetidamente su bocina para darle el paso a una “fecunda y voluminosa mamá”. Una característica madre caldense, que pese a tener 8 o 10 hijos se conserva “joven y frescachona”.

Unos la aman, otros la aborrecen. Años después de haber abandonado la ciudad, Néstor decide volver a la tierra que tanto detesta, debido al fallecimiento de su madre. Esta es una parte de la historia que cuenta Jaime Echeverri en su libro Corte final, en la que La Perla del Ruiz es la musa en la historia de este personaje: “Manizales es una ciudad sin puntos cardinales, centro móvil de contorno difuso, sin comienzo ni fin, mapa de gas donde el tiempo se detuvo, dejando a la ciudad suspendida en el aire”.

La música, el amor y la juventud no podían faltar en las historias que cuentan a Manizales que aparte de ir de El Cable a hasta la Linda, aborda la forma en la que los descendientes antioqueños, caucanos e indígenas construyeron sociedad. Recordando a Bose de Orlando Mejía Rivera, habla de la historia de Ricardo Valenzuela, quien entre las colinas de Chipre, la Universidad de Caldas y El Cable presenta una visión un poco más actual de la ciudad: “Manizales nos mostraba en silencio su rostro adolescente, su belleza montañosa, sus aromas a eucalipto y vientos del nevado …”.

Otros textos como Música ligera de Octavio Escobar, que cuenta cómo transcurre la vida de un joven en la ciudad y Pelota de Trapo de Adalberto Agudelo, en la que el fútbol es elemento vital en los hombres trabajadores, también han tenido a Manizales como personaje.

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